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Los detalles – Cristina García Maffiotte

La crisis ha cambiado muchas cosas. Una de ellas, quizás la menos importante pero bastante molesta, es que hay cosas que antes hacían que torcieras el gesto por la vergüenza ajena que ahora, sin embargo, se han convertido en una fuente de indignación. Una indignación que crece y crece cuando ves cómo quien se debe ganar un sueldo que le pagamos entre todos se preocupa más en salir bien en la foto y garantizarse un titular, que de hacer su trabajo. Esa gente que corre como si le fuera la vida en ello a redactar una nota de prensa (con foto incluida, por supuesto) en la que se atribuye méritos que sabe que no son suyos, ideas que sabe que no son factibles, frases pomposas que, casualmente, caben perfectamente en un titular a cuatro columnas. Esa gente que es capaz de llenar folios de comunicados, páginas de periódicos, minutos de radio y televisión con palabrería que solo rezuma ego. No ganas, ni ilusión por hacer cosas. No vocación de servicio, de hacer que las cosas mejoren, de ser útil a la sociedad. No. Solo yoísmo.

Cada vez me molesta más, lo reconozco. La vergüenza ajena ha dado paso a la indignación. Una indignación difícil de controlar cuando no se habla de uno, ni de dos, sino de muchos políticos que ves todos los días en el periódico, que se meten en tu cocina a través de la radio o en tu salón cuando enciendes la tele. Justo cuando tú estás intentando hacer números, ver cómo llegas a fin de mes, o te intentas quitar de la cabeza la angustia que te carcome al pensar cómo vas a sobrevivir a estas navidades; justo en ese momento los lees, los oyes, los ves. Y te los imaginas, encantados de conocerse, privados por la atención que le prestan los medios, colocándose medallas que ni merecen ni se han currado.

Pero reconozco que ha habido hace poco un caso concreto que me ha indignado y mucho pero por otros motivos. No me ha molestado la vanidad que destila el comportamiento. No. Lo que me ha incomodado esta vez no es que alguien se plante en una reunión en Bruselas junto con varias decenas de personas más, se saque una foto y mande una nota de prensa diciendo que gracias a él y a lo que le susurró cariñosamente al oído a algún alto cargo con el que se cruzó en la cafetería, se ha logrado no sé, por decir algo al azar, que Bruselas vaya a mantener el presupuesto global para la agricultura canaria. No me molesta eso aunque cualquiera con dos dedos de frente sepa que eso no se sostiene. Bueno, quizás me cansa un poco que intente tomarnos por idiotas, pero solo un poco. Lo que realmente me irrita es que, con las prisas, ya no cuide ni los detalles. Porque la verdad, hacerse la foto en Bruselas y olvidarse la bata blanca y el estetoscopio dice muy poco en su favor señor Alarcó. Un poco más de cuidado la próxima vez, hombre.