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El efecto ‘pausini’>Ylka Tapia

Hace dos meses, un amigo me comentó que se había dado de baja de las redes sociales, concretamente de Facebook y Twitter. En aquel momento pensé que estaba exagerando y que dicha baja le duraría poco. Pero me equivoqué; no solo porque no ha vuelto a entrar en sus perfiles -en Facebook basta con loguearse para volver a tenerlo activo con todo lo publicado hasta la fecha- sino porque asegura que no las echa de menos. Y no me nieguen que, a estas alturas de la era tecnológica, suena a auténtico retiro espiritual. Es más, si se produjera un apagón mundial -un ejemplo ilustrativo es la serie de la HBO The Walking Dead, con o sin zombis-, y nos quedáramos sin comunicaciones, padeceríamos una auténtica crisis social, pero es más que probable que nuestra extraordinaria genética adaptativa se impondría a la hambruna informativa.

Recuerdo a una antropóloga de la Universidad de La Laguna incidir en la cita de Aristóteles “el ser humano es un animal social por naturaleza”, para definir la necesidad de los individuos de convivir en grupo y participar en la vida pública (más que extrapolable a la red). Una aristotélica premisa que no carece de detractores, los que aseguran que la sociabilidad mediante la conectividad es un pesado lastre y que requerimos individualidad para desarrollarnos, término antagonista de la globalización. 

Pero volviendo a la renuncia temporal de mi amigo a los medios sociales, convine en interrogarle sobre su decisión, descubriendo que no le falta razón cuando afirma que prefiere ocupar su tiempo en actividades más productivas que en estos hervideros de egos. Ignoro si esta es la causa principal de que Facebook pierda constantemente usuarios activos, pero seguro que en más de una ocasión hemos deseado que exista la opción ‘no me interesa’.

@malalua