MIRÁNDONOS>

‘Enter’> Por María Montero

Un simple enter, frente al teclado de un ordenador, y ya está. Un mensaje acaba de ser emitido. Y al otro lado, alguien que recibe nuestra tensión miedo, o fortaleza para dar ese paso. Pero apretar un botón con la señal de enviar ya no tiene marcha atrás. La intensidad de la red es imparable. A menudo se han roto relaciones, trabajos, reputaciones o confidencias a impulsos de dedo pulgar sobre una tecla interactiva. Tiene gracia. Toda una vida demolida por un siniestro movimiento. O la oportunidad de recuperar, lo que más nos importa en algún momento, con un mensaje oportuno, o las palabras idóneas. Requiere maestría, pero a veces no todo está perdido, aunque las apariencias lo simulen.

Aún quiero creer que hay enter de ida y vuelta, y aceptando las implicaciones virtuales acerca de sentimientos, declaraciones íntimas, conciliaciones necesarias, o tramas colectivas, si apostamos por el valor de los mensajes no físicos, sin contacto directo, pero con gran dosis de interacción psíquica, aprendamos a comunicarnos, si es posible, sinceramente. Y si elegimos las reglas del juego de exhibir lo privado, en redes sociales, seamos consecuentes con las repercusiones. Si detonamos información para crear opinión, seamos maduros. Si no queremos crear más confusión, de la ya existente, siempre tenemos la opción de pause, y meditar unos segundos al menos, o toda una vida. Apretar botones ha cambiado la historia bélica, social, científica y la nuestra propia. Y dejar en suspensión más de un mensaje puede proteger silenciosamente la integridad. Hay calidad personal, cuando nuestra autoafirmación en lo que expresamos virtualmente es honesta. Utilizar la descalificación se acaba pagando. Mi enter favorito conlleva cariño, suavidad y otorga espacios reales de comunicación. Me gusta que los receptores lean deliciosamente lo que allí encuentren. Otro enter es el del valor, la justicia o el que inspira o nos realiza. Ahora, respiremos antes de enviar otro mensaje ¿está seguro? Enter.