la punta del viento >

Érase una vez… Los Silos – Por Agustín M. González

La historia del pueblo de Los Silos es casi una historia de cuento de poco para acá. En otro tiempo fue una historia de abandono, de penuria, de emigración. Pero hace 17 años nació aquí un acontecimiento cultural que, a pesar de su modestia, causó pronto un impacto tan considerable que, puede decirse, cambió el presente del pueblo. Y puede que hasta el futuro. En Los Silos hay un antes y un después del Festival Internacional del Cuento, un certamen que cada año atrae a la villa norteña a narradores de todo el mundo y a miles de personas venidas de todos los rincones de la Isla, deseosas de oír historias maravillosas. En las últimas ediciones el festival reunió más de 20.000 espectadores. Nunca antes esta tranquila localidad, rodeada del mar verde de las mayores plataneras que quedan en la comarca, había vivido un acontecimiento tan multitudinario que para muchas personas ha servido para colocar a Los Silos en los mapas, hacerlo visible, relevante. Y, asimismo, ha servido para situarlo como un referente cultural de Tenerife.

El festival es una buena idea, bien ejecutada, de interés público, y no ha tardado en producir impactos positivos para la villa, incluido el económico. El destino de este pueblo, hasta hace poco olvidado en un rincón de la Isla, ha cambiado y se ha reactivado en todos los órdenes. El principal culpable del Festival del Cuento, y padre de la valiente iniciativa, es uno de los promotores culturales más talentosos de Tenerife, el profesor, escritor y director teatral Ernesto Rodríguez Abad, quien ha encontrado en el alcalde Santiago Martín y su joven equipo de Gobierno, los cómplices ideales para afrontar esta aventura sin miedo a las crisis, los recortes y a todos los obstáculos imaginables para una pequeña administración con escasos recursos y ayudas. Tienen mucho mérito. Del 5 al 8 de diciembre próximos todos los caminos de la Isla conducirán a Los Silos, convertida en una mágica Hamelin que hará disfrutar a pequeños y mayores con un espectáculo delicioso: los cuentacuentos. Los Silos y los silenses merecen que su cuento tenga un final feliz.