sobre el volcán>

No es país para convenios> Por David Sanz

Se acabó la papa suave. Aquellas prácticas laborales, donde el año transcurría de los contratos de seis meses del Cabildo y los ayuntamientos, para después cobrar tres de paro y otro trimestre haciendo chapuzas con el cuñado, han pasado a mejor vida. El Gobierno de España ha decidido que no va a dar de comer a más gandules, a excepción de muchos políticos a quienes mantiene el abrevadero. Ya se han cansado de ver a gente limpiando las cunetas o arreglando los senderos con chalequillos fosforescentes. Es hora de espabilar a toda esta peña, piensa la ministra de Empleo, que tiene pesadillas con el PER.

A la derecha como Dios manda, que es la que manda, le ha encantado, de siempre, colocar a cada uno en su sitio. Sacar a toda esta gente de la cola de la Administración para ponerlos en la de Cáritas, usando para ello incluso un argot eclesial, es uno de los grandes retos de la política de empleo de quienes nunca han creído en un estado social de derecho y, por contra, han abogado por un estado confesional. Están convencidos de que es la hora de aplicar una terapia de desintoxicación a quienes desde los 16 años participan en ese sistema vicioso que les permitía comprarse un Corsa de segunda mano, alquilar un piso y poner el Canal Plus para ver el fútbol los domingos. Se acabó ese modelo más social que educativo, que, es verdad, escondía la desvergonzada engañifa del voto por contrato. Truco que han empleado todos y cada uno de los partidos que han picado gobierno.

Estos alumnos aventajados del tea party se sienten ahora orgullosos de echar abajo este tinglado subvencionado, con el sablazo aplicado a las cuentas públicas en materia de empleo, y ya de paso aminoran el déficit, calmando así el rugido de los bancos, que es más fuerte que el del hambre, piensan. Si el modelo seguido hasta ahora en políticas de empleo es tramposo, este segundo al que nos quiere conducir el Gobierno de Rajoy es perverso. Con esta nueva orientación, que es mucho más que un recorte equivocado, van a machacar a una parte importante de la población, a la que se le rebana el único medio de vida que tiene en su medio social. Y si no que echen un vistazo a los núcleos rurales de La Palma. La política de convenios no era la más adecuada para generar empleo, pero el remedio es todavía mucho peor. Vamos a dar el salto mortal de pasar, sin término medio, del pesebre al hambre.