la última (columna) > Jorge Bethencourt

Esperanzas frustradas – Jorge Bethencourt

Peor aún que no hacer nada, en política, es crear la expectativa de que se va a hacer algo para luego defraudar al personal. Y eso es exactamente lo que ha hecho el Gobierno. A nadie se le oculta que legislar sobre un tema tan delicado como las hipotecas, en donde hay 800.000 millones de euros apalancados en estos momentos, es peligroso. Demagogias las justas. Si aquí se ofrece la idea de que esto es un viva la Pepa y que no hay que pagar lo que se debe, porque no pasa nada, el estampido del sistema financiero español sería de los que hacen época. Pero lo que resulta intragable es que se haya dejado en la sartén a los deudores y el mango en las mismas manos. Hubiera sido posible obligar a la banca pública por orden directa y a la privada por ley, a renegociar los plazos y cantidades que los ciudadanos deben por sus hipotecas.

Las mismas condiciones excepcionales que negocian los gobiernos y las propias entidades financieras con sus deudas. Y también habría sido posible que se obligara a los bancos a aceptar el valor de las tasaciones de inmuebles que hicieron ellos mismos, como elemento negociador puesto en manos de los deudores para replantear cuotas y plazos de sus pagos. Los bancos son los depósitos de los ciudadanos. Los ahorros de todos los españoles. Arruinarlos es hundirnos a nosotros mismos. El “efecto llamada” que podría producir cualquier medida que permita un impago masivo de hipotecas sería desastroso. Pero alargar el tiempo y bajar las cuotas que las familias pagan por sus viviendas no sólo era lo que se esperaba, era lo que se necesitaba. Y no se ha hecho. Familias y empresas soportan en sus costillas todos los costes de esta recesión. Pagan más impuestos para sostener a la administración pública. Pagan más impuestos para sostener los servicios públicos. Pagan más impuestos para poder abonar los intereses de la deuda pública. Y pagan más impuestos para que con dinero público se impida -porque es lo que toca- la quiebra de algunas entidades bancarias. En ese contexto, que el Gobierno arbitrase la obligada renegociación y ampliación de los plazos hipotecarios habría sido un fresco viento para muchas economías devastadas por el paro, el incremento del costo de la vida y la glaciación económica. Pero no hubo nada.

Una vez más, los que gobiernan piensan que se puede seguir tensando la cuerda de la supervivencia y los sacrificios de cientos de miles de personas que pagan con efectos retroactivos por ladrillos de oro lo que hoy se ha convertido en barro. Resulta curioso que nuestras viviendas sigan teniendo precios de burbuja a efectos de hipoteca y de impuestos y precios de basura a efectos de subasta. O no tan curioso. Demuestra que los ciudadanos son, en esta ecuación diabólica, un cero a la izquierda y a la derecha.

@JLBethencourt