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Los genoveses – Alfonso González Jerez

¿No habían proclamado los conservadores isleños, desde cierta indignación contenida, que la inversión por habitante en Canarias, recogida en los presupuestos generales del Estado para 2013, era superior a la media nacional? Pues a José Miguel Bravo de Laguna, expresidente del PP de Canarias y presidente del Cabildo de Gran Canaria gracias a tránsfugas amantes de la estabilidad institucional, parece que no le salen las cuentas. Ayer, en un foro madrileño, en el que fue presentado por María Dolores de Cospedal, Bravo de Laguna criticó (el verbo quizás sea excesivo) que en el proyecto presupuestario para el próximo año ocurre exactamente lo contrario, y pidió al Gobierno de Mariano Rajoy “una sensibilidad especial” hacia Canarias “por su situación geográfica”, como la que mostraron los Reyes Católicos.

Si la situación económica y social de Canarias ha devenido calamitosa no es, precisamente, por su situación geográfica, sino por el hundimiento de un modelo de crecimiento económico doblemente dependiente de la construcción y la especulación inmobiliaria y de las ayudas, excepciones y subvenciones presupuestarias procedentes de Madrid y Bruselas. Pero mencionar esto es una ordinariez y no cabe esperar ordinarieces de un caballero como Bravo de Laguna, que como ocurre con la mayoría de la clase política canaria, utiliza invariablemente la geografía como un disfraz. La referencia a los Reyes Católicos es más pertinente. No alude, por supuesto, a que doña Isabel y don Fernando invirtieran en la colonización del Archipiélago. Los Reyes Católicos abrieron las nuevas tierras a capitales y hombres foráneos y comenzó a fraguarse, a principios del siglo XVI, ese pacto entre las élites agroexportadoras de las Islas y la Corona de Castilla: libertades y excepciones económicas a cargo de lealtad política e institucional. Un pacto que se está desquebrajando desde hace tres años. Un pacto secular que, por supuesto, Rajoy y sus ministros ignoran palmariamente. No hay país que soporte una tasa de desempleo de más del 30% de su población activa durante una década sin que salte su orden político y social por los aires más tarde o más temprano y eso comenzará a digerirse, entre retortijones indescriptibles, el próximo año. Los primeros inversores en la inicial economía canaria, hace cinco siglos, fueron los banqueros y prestamistas genoveses. Pero ahora nadie puede esperar nada de los genoveses. Ni José Miguel Bravo de Laguna.