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La Habana, capital mundial de la danza > Othoniel Rodríguez

La edición XXIII del Festival Internacional de Ballet de La Habana, convertido desde hace años en un evento de gran trascendencia mundial, comenzó el pasado 28 de octubre en la gran Sala Avellaneda del Teatro Nacional de la capital cubana con la correspondiente gala inaugural y el espectacular desfile de todo el elenco de la compañía, con su legendaria creadora, promotora e inspiradora, Alicia Alonso, directora general del Ballet Nacional de Cuba, escoltada por dos de sus antiguos partenaires: el argentino Rodolfo Rodríguez, y el danseur etoile de la Ópera de París, Cyril Atanasoff, quien la acompañó en las jornadas gloriosas de actuaciones en la capital francesa.

Cuando la diva cubana montó su versión coreográfica del ballet Giselle en esa prestigiosa institución, una gran sorpresa esperaba al público asistente al siguiente día, 29 de octubre, esta vez en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana. Se ofrecía una gala dedicada al centenario de la danza La Comparsa, de Ernesto Lecuona, y en el último cuadro aparecía la Alonso bailando con el primer bailarín Jorge Vega, lo que la crítica y el público han calificado como “una noche para el recuerdo…”, y verdaderamente, ha sido otro hecho insólito e histórico para la extraordinaria carrera de la excelsa bailarina cubana.

Sobre esta fiesta de la danza y la amistad es necesario destacar que en sus 22 ediciones anteriores el público ha podido disfrutar de las actuaciones y los aportes de compañías de ballet del más alto nivel, destacadas figuras de la danza internacional, críticos especializados, músicos, observadores, coreógrafos y periodistas procedentes de sesenta países de los cinco continentes. Un aspecto característico del evento ha sido los intercambios escénicos. Bailarines de diferentes escuelas y países se presentan con la compañía anfitriona y en los programas conciertos actúan parejas de distintas nacionalidades y estilos, lo que ha provocado encendidos elogios de la crítica y ovaciones del auditorio, pues es una novedad peculiar que hace único este acontecimiento cultural de La Habana.

Mención especial merecen las actividades extraescénicas dedicadas a la vinculación de la danza con otras manifestaciones artísticas, como el teatro dramático, las artes plásticas, la música, el cine y la literatura. Las conferencias impartidas por reconocidos críticos a nivel internacional, presentaciones de libros especializados de danza y las clases magistrales impartidas por prestigiosos maestros y pedagogos nacionales o extranjeros, completan la oferta de esta fiesta anual del arte y la amistad.

Uno de los invitados de esta XXIII edición del Festival de Ballet de La Habana, el estadounidense Walter Terry, manifestó que este evento calificado de internacional “es perfectamente eso: rostros eslavos y orientales, anglosajones e hispanos, africanos y amerindios. Fascinantes retratos de muchas regiones y culturas. Pero la disciplina del movimiento que les une en imágenes de gran belleza es el lenguaje del ballet”.

Otro ilustre invitado, el bailarín argentino Julio Bocca, dijo que “estar aquí, en el Festival de Ballet de La Habana, es algo fenomenal, pues se tiene la experiencia de compartir con muchas artistas de diferentes partes del mundo, sin que predomine el ambiente competitivo de un concurso. El público, muy entusiasta y conocedor, es quien premia y destaca el artista. Una inolvidable impresión”.

Por último, el francés Jean Babilée, declaró que “es un placer indescriptible volver a Cuba después de tanto tiempo y encontrar en este festival a una compañía maravillosa, con bailarines de excelentes cualidades. Esta impresión se debe, fundamentalmente, a la grandeza de la escuela cubana de ballet y su inconfundible estilo”.