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Lealtades y residencias – Paco Déniz

Si el Estado sigue desriscando a su clase trabajadora y a sus clases medias por el precipicio de la pobreza y los temores, y convirtiendo a sus ciudadanos con sus diferentes identidades nacionales en simples residentes sin certificado, complicada se pondrá la cosa (Susaeta). La pérdida de lealtad hacia la nación dejará de ser algo típico para convertirse en algo crónico, pues su legitimidad se reduce a un espacio ideológico muy conservador toda vez que la progresía nunca se ha sentido representada en sus parámetros identitarios. Y ahora tampoco en sus parámetros sociales. Por si fuera poco, las lumbreras del PP han puesto precio en metálico a la obtención del permiso de residencia a los extranjeros que adquieran un piso por valor de 160.000 euros, creando un agravio comparativo con toda la inmigración pobre y la ciudadanía desahuciada. ¿Querrán seguir siendo españoles los desahuciados? Probablemente, pero ahora, el nicho de deslealtad al Estado y a la nación española se agranda. Y con esta mermada legitimidad anda el PP convirtiéndonos a los canarios en residentes por dos euros en una cola interminable en el ayuntamiento y en la beneficencia. Con estos déficit, raro será que la cosa (Susaeta, de nuevo) se mantenga cohesionada, y por muchas figuras legales, administrativas y burocráticas con las que el Estado quiera definirnos ante la ley seguiremos siendo canarios y canarias empobrecidos, y la cuestión seguirá sin resolverse. Seguirá la marea de fondo, porque no somos aves de paso, ni residentes, solo isleños sin derechos nacionales ni sociales con el territorio arrendado al Estado español, aunque el pensamiento hippy diga que la tierra no es de nadie. Visto así el panorama, yo no me preocuparía de las mafias porque, además, habitan entre nosotros desde hace tiempo.