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Metralla partidista – Juan Manuel Bethencourt

El Partido Popular ha reaccionado de modo muy tibio a la sentencia del Tribunal Constitucional que avala de modo definitivo el matrimonio homosexual. Era previsible. Ahora ocupa el poder en España. El asunto en el presente le resulta molesto, prefiere pasar página y olvidar sus pronunciamientos del año 2005, cuando todo era muy diferente.

Hace siete años no parecía que Rodríguez Zapatero fuera tan mal gestor de la economía (algunos signos alarmantes había, pero a quién le importaba entonces, cuando cebar la burbuja era el deporte nacional), de modo que el PP optó por plantear su batalla de oposición en otro frente, el que podría ser definido como social-cultural.

En ese ámbito debía contar con la cúpula de la Iglesia Católica como aliado poco menos que imprescindible, asumiendo el peaje correspondiente: apoyo a las marchas callejeras “en defensa de la familia” (en realidad, contra el matrimonio gay) y recurso de inconstitucionalidad contra una ley convertida a su vez en icono del “republicanismo cívico” que Zapatero quiso convertir en imagen de marca de su mandato. A ello se sumaron los medios de comunicación más conservadores, autoerigidos en ideólogos de una batalla moralizante que pretendía sacralizar la palabra matrimonio, como si la semántica fuera la llave maestra de las convicciones.

No ha pasado tanto tiempo, pero hoy nos parece hablar de la noche de los tiempos. El PP, aupado por la crisis a La Moncloa, tiene otras prioridades y ya no caminará por la calle de la mano de los obispos. Hay que decir en su descargo que el otro partido grande (que no gran partido) del espectro político español actúa de la misma manera cuando le interesa. Porque es sabido que en el PSOE arrecia el discurso anticlerical cuando está en la oposición, jamás cuando ocupa el Gobierno, cuestión que, como en el clamoroso ejemplo anterior, conduce a la siguiente reflexión: ¿para qué sirven los principios si se ven reiteradamente manoseados por la praxis política, sometida a su vez a las urgencias del momento, a la metralla partidista?

En lo que atañe a los derechos de los homosexuales, al PP, al nuevo Gobierno, no le vale con encogerse de hombros y afirmar que acata la sentencia (además, qué otra opción le queda) del Tribunal Constitucional. Vio en 2005 una oportunidad para cohesionar a los sectores más conservadores de su electorado, y lo hizo, no por una cuestión de principios, sino por puro y cínico oportunismo. Ahora debería pedir disculpas.