el cráter - Juan Carlos García

Murciélagos – Juan Carlos García

La imposibilidad de cumplir con los compromisos económicos contraídos al variar sustancialmente la situación socioeconómica existente en el momento de sellarlos. Esta es, de forma breve y sencilla, la causa que finalmente se ha llevado por delante, en los últimos años, a diversos dirigentes europeos. Este es, de forma breve y sencilla, el motivo por el que finalmente han sido desalojados de sus casas, hasta ahora, miles de personas. Los primeros fueron desahuciados por sus propios conciudadanos a través de las urnas. Los segundos, mediante una acción legal.

Como una de las acepciones de la RAE (Real Academia Española) desahuciar significa quitar a alguien toda esperanza de conseguir lo que desea; es decir, quebrar la confianza en el futuro. Si dependiera de los ciudadanos, el desahucio, por esa pérdida de confianza, no solo se aplicaría a ciertos sectores de la clase política, también se extendería a otros sectores influyentes de la sociedad. Como otra de las acepciones, en boca de un médico, desahuciar es admitir que un enfermo no tiene posibilidad de curación.

Las soluciones de urgencia que pergeñan estos días PP y PSOE para atenuar miles de casos de desahucio de hogares no serán de fácil encaje colectivo. Como al enfermo desahuciado a quien se le ha descartado una posible curación, a esos miles de hogares se les aplicarán tratamientos paliativos.

Ciertos sectores influyentes de la sociedad tampoco tienen curación. Mi sobrino de diez años tercia en una conversación familiar y realiza una observación: “Tío mira, la palabra desahucio tiene las cinco vocales”, puntualiza. “Muy bien”, asiento con un leve movimiento de cabeza, no sin cierta sorpresa por su conciso escrutinio. A continuación, añade: “Igual que la palabra murciélago. Tío, hay algunos que chupan la sangre”.