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Obama bis – Francisco Pomares

No deja de sorprenderme el enorme atractivo que tienen las elecciones presidenciales de Estados Unidos para los súbditos del imperio, allende sus fronteras. Sin duda, algo tiene que ver la capacidad de los estadounidenses para convertirlo todo en fiesta y espectáculo, en un gigantesco y lúdico circo en el que al final resulta muy difícil no tomar partido. Hace ya un par de décadas que me apunto a la irresistible coreografía catódica de la noche electoral USA, y acabo así levantándome al día siguiente del primer martes después del primer domingo con cara de miércoles de ceniza y una mortal resaca que me deja zombi por falta de sueño.

No me quejo de haber aguantado hasta el recuento de Colorado: el pulso electoral americano no suele defraudar, y esta vez la cosa estuvo en el minuto a minuto más reñida de lo que en principio se preveía. Ofreció toda la emoción vicaria que aún nos puede ofrecer la política. Como le ocurre a la mayoría de los europeos, a mí también me alegra la victoria de Obama. Creo que su presidencia -en tantas cosas decepcionante o indistinguible de la tradición política de Washington que Obama se comprometió a cambiar- encierra algo de exotismo sistémico, y es una demostración de que en el país de los sueños individuales hasta lo más improbable tiene cabida.

Me asombra que en California se cuestione la pena de muerte, que dos estados logren legalizar el consumo recreativo de maría y que Massachusetts quiera encajar la eutanasia en sus leyes. Pero lo que más me asombra es que el hijo de un keniata, criado por su madre divorciada en Indonesia, haya logrado reconquistar el corazón y la cabeza de sus compatriotas para seguir cuatro años más en la Casa Blanca. Intuyo que, si lo ha logrado, tiene que ver con el hecho de que Obama es un personaje más correoso de lo que aparenta. Pero aprecio en él una voluntad de estilo y un rechazo más académico que epidémico a la demagogia… La verdad es que el tipo me gusta. Pero cuando escucho los sesudos análisis sobre lo que puede significar para Europa o para España esta su segunda presidencia, no me creo nada. Nada de nada. El difuso multilateralismo de Obama no va a resolver nuestros problemas de déficit presupuestario, ni tampoco el suyo. Probablemente nos va a tratar con más educación de lo que lo habría hecho su contrincante mormón, pero no está en su mano arreglar nuestros problemas. Si salimos de esta, y cada vez me cuesta más intuir dónde estará esa salida, no va a ser porque Obama haya ganado…