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El padre del ecologismo – Por Pedro Fernández Arcila

El pasado mes de septiembre falleció Barry Commoner, una de las personas que más contribuyó en la creación del movimiento ecologista internacional. Este americano, que será recordado también por sus descubrimientos científicos, tuvo la valentía intelectual de afirmar, en pleno macartismo, que los problemas ambientales que sufría la humanidad estaban directamente vinculados con el sistema de producción capitalista. Cuando la american way of life era el sacrosanto modelo que se exportaba urbi et orbe, Commoner defendió que la producción es la que determina el consumo y no al contrario. Es fácil imaginarse los poderosos enemigos que se granjeó este bondadoso profesor universitario, pero la honestidad de este ecologista estaba blindada, literalmente, a prueba de bombas, visto el papel fundamental que desempeñó en el Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares.

Commoner logró situar en el centro del debate una certeza que todavía nos acompaña: la incompatibilidad entre el crecimiento sin límite que preconiza el sistema de libre empresa y la base ecológica que sustenta todo desarrollo humano, incapaz de soportar una explotación ilimitada. Con este axioma publicó en 1971 su obra más importante El círculo que se cierra: naturaleza y tecnología, un ensayo trascendental para el movimiento ecologista al desarrollar una teoría política sobre las relaciones entre el hombre y la naturaleza: el ecosocialismo.

El intelectual catalán Vicenç Navarro, amigo personal de Barry Commoner, hizo pública, en una semblanza que glosó a los pocos días de su fallecimiento, la confesión que le trasladó su amigo americano sobre el recelo que le producía la desnaturalización del movimiento verde, alejado de los planteamientos transformadores que el siempre preconizó. Compartiendo el temor de este ilustre profesor, estoy convencido de que mantener vivo su legado será la mejor arma para luchar contra ese peligro.