Sin complejos>

Un partido viejo> Por Fernando Fernández

Meses atrás, en enero y febrero últimos, escribí aquí sobre “el PSOE necesario” y sobre la “crisis del PSOE y la crisis de la izquierda”. Lejos de una diatriba partidaria como alguien pudo pensar, expresaba mi sincera preocupación por los problemas a los que se enfrentaba el partido socialista y sobre la necesidad de una vertebración de la izquierda democrática en torno a un proyecto nacional solvente. Pensaba y aún pienso que ante una situación de emergencia nacional, un acuerdo entre los partidos mayoritarios es imprescindible para superar la crisis económica en el menor tiempo posible.

Ese acuerdo, si no en forma de un gobierno de gran coalición, que la mayoría absoluta del PP hace poco explicable para algunos de sus votantes, es imprescindible en torno a unas pocas grandes cuestiones que están en la mente de todos. Ese acuerdo no ha sido posible ni parece que lo vaya a ser, pero los hechos demuestran que los estragos de la crisis, ahora ya no solo económica sino con tintes sociales en algunos casos dramáticos, causa un desgaste evidente en el partido gobernante, pero para sorpresa de algunos, incluidos los propios dirigentes socialistas, afecta en mayor medida al PSOE. Así lo prueban todas las encuestas publicadas y el resultado de las elecciones en Galicia, País Vasco y, como veremos la semana próxima, en Cataluña. En su análisis sobre el resultado electoral, el dirigente de los socialistas vascos Patxi López ha dicho que “nuestro viejo partido se está haciendo un partido viejo”, una frase que ha debido resultar dolorosa para muchos socialistas, pero a mi juicio certera. A la espera del resultado en Cataluña, los dirigentes del PSOE afilan sus cuchillos para el día después, enfrascados en un debate estéril entre si lo que deben cambiar son las personas o las ideas. Días atrás, Josep Ramoneda publicó en El País un extenso artículo cuyo contenido comparto en buena parte, que debería servir como hilo conductor de un necesario debate en el seno del histórico Partido Socialista Obrero Español, para que ese viejo partido deje de ser un partido viejo, como proclamó López.

Ramoneda no es una voz cualquiera, es un socialista catalán, ensayista y comentarista político prestigioso en los medios de referencia de la izquierda española. El análisis de Ramoneda es demoledor y lo es mucho mas por venir de quien y de donde viene.

Bajo el título de Volver a empezar, el ensayista catalán afirma que “el problema del PSOE es identificar quiénes son los suyos, porque sus bases se han movido”. Hace una durísima crítica al zapaterismo, “la estrepitosa derrota de 2011 ha dejado al PSOE en la invisibilidad” (…) “no es una crisis coyuntural, es una crisis profunda”; y se extiende en un razonado análisis de las causas que han llevado al socialismo español a la actual situación. Para terminar afirmando que “requiere una idea muy potente, capaz de emerger en medio de la crisis económica y de la crisis de Estado (…), necesita ser un partido cohesionado y fuerte para dar una batalla con futuro y no parece que este sea el estado actual del PSOE”.

Como ciudadano muy preocupado por nuestro futuro, espero que esa idea prospere en la necesaria puesta al día de un PSOE que debe olvidar sus viejos tics y modernizar su proyecto y su idea de España. Por el bien de todos. Aunque a muchos socialistas cueste entenderlo, ese discurso guerracivilista, culpando a “la derecha” de todos los males del averno, no lo entienden los ciudadanos, no es europeo y ni siquiera es democrático.