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La Política con mayúsculas> Por Antonio Alarcó*

Nos arriesgamos a que algunos nos tachen de reiterativos, pero más que nunca creemos necesario retomar reflexiones ya formuladas en esta cita dominical con los lectores, respecto a la utilidad y funciones de los políticos, pero también del daño que hacen según qué conductas a la Política con mayúsculas. Reivindicamos la cordura, la cortesía y la lealtad.

Algunos políticos de Canarias hace demasiado tiempo que han perdido el norte y han dejado de ver la política como un servicio al ciudadano. Es algo que sabíamos, pero no dejan de alarmarnos las descalificaciones que se han proferido estos días de forma abyecta hacia miembros del Partido Popular.

Por ejemplo, a la delegada y al subdelegado del Gobierno. El detonante ha sido el simple hecho de figurar en una foto, y pretender saludar al ministro de Artesanía de Marruecos antes que los representantes del Ejecutivo Central en las Islas, o bien ocupando su lugar en la sala de autoridades de un aeropuerto.

Los hechos bastaron a miembros de Coalición Canaria como Ricardo Melchior, Carlos Alonso y Ana Oramas, a quienes se presupone talla política por el puesto que ocupan, para proferir los peores insultos contra María del Carmen Hernández Bento, delegada del Gobierno en Canarias, y Guillermo Díaz Guerra, subdelegado en esta provincia.

“Madrastra del cuento de Cenicienta” y “mindundi” fueron los más pintorescos calificativos que se pudieron leer en los medios de comunicación. Vergonzosa imagen la proyectada, una vez más, por parte de miembros de un partido político que ha asumido las riendas de las instituciones como quien gobierna su finca particular. Qué se puede esperar de quien preside el Cabildo insular de Tenerife, que no duda en insultar a un compañero de corporación y diputado nacional como Manuel Torres, quitándole el uso de la palabra con los peores modos posibles. “Váyase a aprender alemán”, dijo Melchior a Torres cuando le recordó que en su día había recomendado a los tinerfeños que salieran de Tenerife a trabajar.

Demasiado faltón encontramos a Ricardo Melchior, cuyas formas dictatoriales no pueden seguir degradando la Institución que preside. Urge recuperar el Cabildo para los tinerfeños y sacarlo de la órbita de esta sección de Coalición Canaria y el PSOE.

Rematando la semana, el vicepresidente de la Corporación insular, José Antonio Valbuena, no dudó en relacionar las labores de extinción del incendio declarado esta semana a consecuencia de las tormentas ocurridas en Los Realejos, con la ideología política de su alcalde y presidente del Partido Popular de Tenerife, Manuel Domínguez.

Es una verdadera indecencia en una persona de su formación moral, que el señor Valbuena se dedique a buscar conflictos donde no los hay, en lugar de alegrarse por la pronta respuesta de los medios, en un lugar de difícil acceso en el que hubo que desalojar viviendas en plena noche. Este comportamiento es irresponsable y abyecto, y merece nuestra más rotunda condena.

Precisamente porque en esto estamos de forma voluntaria, buscando siempre grandes consensos y con la satisfacción del deber cumplido como único beneficio, echamos en falta a grandes dirigentes como tuvieron en su día tanto el PSOE como Coalición Canaria, o a quienes forman parte de esa mayoría silenciosa que no está de acuerdo con conductas como esta, y que prefieren callar.

Creemos en la Política con mayúsculas, y defendemos su ejercicio como la actividad más noble a la que puede dedicarse una persona, en el firme convencimiento de que es posible mejorar la sociedad en la que vivimos.

En democracia, las soluciones se encuentran precisamente en la política, que no ha de ser un problema para los ciudadanos, sino una respuesta real y fundamentada a sus preocupaciones. Por eso, insistimos, a la política han de venir los mejores, los más preparados y comprometidos con nuestro futuro, sin cuotas partidistas ni intereses.

Los insultos y descalificaciones son totalmente reprochables, mezquindad pura que va en contra de la esencia de la convivencia entre ciudadanos, y habla muy mal de quienes tendrían que dar ejemplo a sus convecinos y pedir humildemente perdón.

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