TRIBUNA>

Por qué defendemos lo público> Por Aurelio Abreu Expósito*

Las voces más apasionadas de la derecha están aprovechando este momento de crisis que padecemos para lanzar ataques poco disimulados a todo lo público. Los neoliberales están crecidos; se llenan la boca con la palabra “insostenible” y detrás de ese parapeto justifican cualquier acción que se encamine a poner en manos privadas todo cuanto esté a su alcance. La Sanidad pública es ‘insostenible, la Educación pública es insostenible, los Servicios Sociales son insostenibles… Y uno se pregunta, si todo eso es tan ruinoso, ¿por qué el sector privado se muere por acapararlo?

En las últimas semanas hemos asistido a un ejemplo bastante claro con el conflicto desatado en la lavandería de los hospitales de Tenerife, un servicio público, prestado por trabajadores públicos, de cuya calidad y excelente labor dan fe todos los profesionales sanitarios que acuden cada día a ambos centros, desde los celadores hasta los cirujanos, así como los pacientes y sus familias.

Para que tengan una idea de la importancia del servicio de lavandería en un hospital, hagan un ejercicio simple: imaginen una cama con las sábanas sucias, o a un profesional sanitario con un uniforme manchado. La primera trinchera en la defensa de lo público debe cavarse para combatir la idea de que siempre lo privado es más eficaz. Un determinado sector del poder económico, y su brazo político, se esfuerza a diario por presentar al sector público como un continuo derroche de recursos materiales y dinero, y, lo que es más grave, a los trabajadores como una elite improductiva, acomodada en su posición. Y los datos demuestran la falsedad de ese argumento.

Además, hay que considerar un factor fundamental. El sector público no se limita a perseguir criterios de mera rentabilidad económica. Dicho de otra forma, el sector público no está diseñado para hacer negocio. Otra cosa es que las administraciones tengan la obligación de gestionar de forma que esos servicios generen el mínimo necesario para su financiación o las menores pérdidas posibles. Pero en la Sanidad pública, por ejemplo, el enfermo es un paciente, jamás un cliente. Se le presta la atención que precise sin mirar su cuenta corriente.

Un sector público robusto y potente se configura como la mejor garantía disponible contra la desigualdad, ya que dota a todos de las mismas posibilidades para desarrollarse sobre la base de su esfuerzo y su tesón. La cohesión social y la igualdad de oportunidades sufren cada vez que se cuestionan y se desprecian los servicios públicos, y los socialistas, que sabemos lo que ha costado el estado de bienestar porque fuimos quienes lo pusimos en pie, no estamos dispuestos a consentir ni que sea puesto en duda, ni mucho menos que se despiece para su venta al mejor postor. Porque sabemos todo lo que podemos perder si lo público desaparece.

* VICEPRESIDENTE Y CONSEJERO DE BIENESTAR, SANIDAD Y DEPENDENCIA DEL CABILDO INSULAR DE TENERIFE. SENADOR