retiro lo escrito >

El portal – Por Alfonso González Jerez

Uno de los grandes textos cómicos del año lleva la firma de Joseph Ratzinger, el papa de la Iglesia Católica Romana, y lleva por título sencillamente La infancia de Jesús. Antes de ir vestido de blanco por todas partes -hace años Woody Allen ya envidiaba el servicio de lavandería del Vaticano- el señor Ratzinger gozaba de un amplio prestigio como teólogo y uno de los aspectos más interesantes del libro es ilustrar, precisamente, la coherencia y el rigor intelectual de un teólogo, de cualquier teólogo de cualquier iglesia. Heidegger solía repetir que abandonó los estudios de teología cuando reparó en que si los teólogos descubrieran que Dios no existe, continuarían, imperturbables, haciendo teología. El librito de Ratzinger explica perfectamente este prodigio. El papa aclara que en el portal de Belén no había bueyes, ni mulas, ni siquiera un pesebre. Este revisionismo papal, sin embargo, se queda para las menudencias, porque el papa sabe, de buena tinta, de la ausencia de cuadrúpedos en el portal, pero reafirma concluyentemente que Jesús fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de una virgen. Benedicto XVI no aclara, en ningún caso, cuáles son sus fuentes informativas para rechazar desdeñosamente lo primero y afirmar sin reservas lo segundo. Todo lo más señala que los evangelistas tomaron los detalles de la historia del nacimiento del Mesías de los mismos labios de su madre, María, cuya virginidad sigue siendo un valor en sí mismo, como los bonos de deuda alemanes. Que a estas alturas alguien, por impolutamente blancas que sean sus faldas, pretenda presentar los evangelios como documentos históricos de veracidad incontrovertible -una patochada que la crítica filológica ya desmontó hace más de un siglo- resulta hilarante, doblemente hilarante por la autoridad sapiencial con la que se sentencian las conclusiones del autor, que al mismo tiempo que invoca al Espíritu Santo, describe la estrella de Belén como una supernova. Ya no hay burro, ni buey, ni pesebre en el portal, pero, por supuesto, el mito debe continuar viviendo, sea en un pesebre, sea en un maxicosi, sea donde sea. No existe ni la más modesta prueba documental de la existencia histórica del conocido por millones de fieles como Jesús de Nazaret. En cambio, papas pueden contarse hasta 263. O quizás 261. La cifra no es exacta porque algunos papas destituyeron a otros y viceversa por un quítame allá esa tiara. Mataron, robaron, guerrearon, vendieron indulgencias, bendijeron asesinos. Entre ellos sí abundaron los burros y los bueyes.