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REF y reflexión> Por Juan Manuel Bethencourt

Es posible, incluso probable, que nadie espere grandes resultados de la reforma aún en curso de nuestro Régimen Económico y Fiscal (REF). En medio de una crisis abracadabrante, sólo faltaba aparecer con un documento de reforma fiscal presentado como si fuera un Bálsamo de Fierabrás capaz de solucionar todos nuestros males. Pero vale la pena fijar la vista atrás para comprobar hasta qué punto el debate sobre la especificidad económica canaria sirve para renovar las herramientas de autogobierno y, aún más, para proyectar un genuino reformismo en el tejido productivo de las Islas.

Hay que acordarse de hace cuarenta años, los últimos sesenta y primeros setenta del siglo pasado, tiempos difíciles entre una crisis económica enquistada y los estertores de la dictadura. Incluso en aquel contexto se produjo un debate feroz (y feraz) entre la sociedad canaria, necesitada de recuperar la herramienta fiscal hurtada por el centralismo franquista. Los escritos de Antonio Carballo (nadie ha vuelto a teorizar sobre las Islas, tanto y con tanta brillantez, como aquel abogado tinerfeño fallecido con 40 años de edad) fueron el combustible de un fuego que deparó la primera ley del REF en décadas.

Tengo en la mente las portadas de periódico de los ochenta, los años del ingreso en Europa y sus modelos posibles, productores agrarios contra importadores, el presidente Saavedra lidiando la tormenta hasta alcanzar la orilla de la plena integración, otro Rubicón que levantó ríos de tinta, pero que fue asimismo un debate con todas las letras. Tuve la suerte de hacer coincidir mis primeras armas periodísticas con la tramitación del REF de 1994, gestado entre reuniones palaciegas y crisis de gobierno, como la que acabó en moción de censura y acceso de Manuel Hermoso a la presidencia autonómica.

El balance de aquello está escrito, la Reserva de Inversiones como mecanismo de autofinanciación empresarial, pero no de diversificación económica, como se pretendía. En realidad se trató de un uso defectuoso del instrumento, todo ello en tiempos de comodidad que animaron a poner todos los huevos en el mismo cesto. Ahora debatimos, o eso dicen, sobre un REF 2.0, un régimen fiscal isleño en medio del tsunami y el falso señuelo recentralizador, nostálgico de los tiempos en los que el gobernador civil marcaba la pauta. Estamos ante una urgencia, pero también ante una nueva oportunidad que nos brinda el calendario. El objetivo es el mismo: una Canarias mejor, más viable, capaz de activar sus propias energías. Vamos a ello, pues.

@JMBethencourt