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Residencia – Por Miguel L. Tejera Jordán

El propósito del Gobierno de otorgar la residencia a cualquier ciudadano extranjero que compre un piso por 160.000 euros no es un propósito, sino un despropósito. Y una cafrada planteada en los medios para medir el grado de respuesta de la ciudadanía. Por suerte, la totalidad de los partidos políticos que tienen cabida en el arco parlamentario estatal están en contra de tamaña barbaridad. Y me temo que la mayor parte de los ciudadanos no vemos con buenos ojos que dejemos entrar a residir en España a cualquier foráneo que se gaste poco más de 20 millones de pesetas en adquirir una casa. Claro que Rajoy no nos va a hacer puñetero caso, ni a la oposición ni a los ciudadanos, quienes le estamos esperando en la bajadita en las próximas elecciones, en las que espero que se estalle como una pita. A lo que iba. Es cierto que en varios países se concede la residencia a extranjeros que inviertan una considerable suma de dinero en la adquisición de una vivienda y, muy especialmente, en la creación de una o varias empresas que generen empleo por no menos de medio centenar de trabajadores. Y también es cierto que no se admite a cualquier candidato, sino que se analiza cada solicitud con lupa, para que no se les cuele cualquier mangante con perras en el bolsillo. Aquí no. Aquí, con tal de sanear a los bancos -que es en definitiva lo que se persigue con la medida, porque hay que librarlos cuanto antes de la pesada carga del ladrillo que ellos mismos propiciaron- estamos dispuestos a dejar entrar a cualquiera. Y a mí me parece absolutamente suicida.

Antes de dar carta de residencia a un extranjero adinerado hay que saber qué otros derechos le van a corresponder por residir en España. Si la residencia es unipersonal o se extiende a sus familiares inmediatos. Porque, si hay un millón de pisos por vender y cada extranjero comprador viene acompañado por cuatro miembros de la familia, resulta que se nos cuelan cuatro millones de extranjeros que querrán asistencia sanitaria gratuita, educación pública igualmente obligatoria y gratuita para sus nenes y un largo etcétera. Además, con 160.000 euros por barba, el Gobierno pone el listón tan bajo, que ciertamente conseguirá que la banca venda sus stocks de pisos en muy poco tiempo, especialmente los que se encuentren en primera línea de playa de los municipios costeros, pues me imagino que los rusos, un suponer, que ya sabemos que vienen del frío, no querrán gastarse los cuartos, es decir, sus rublos, en una casa en la sierra. Si vamos a darle la residencia a los extranjeros, que sea previo gasto de una cifra mucho más alta. Y no solo en una casa, sino en la creación de algún negocio que fomente el empleo de trabajadores nacionales. Porque, como le permitan que contrate a otros extranjeros, en lugar de a nacionales, pues resulta que estaremos dando carta de naturaleza a la esquirolización de nuestra economía y de nuestras relaciones laborales. En fin, que me parece a mí que este Gobierno está dando palos de ciego a ver cómo saca dinero de debajo de las piedras. Pruebas del expolio gubernamental a que nos somete el ejecutivo no nos faltan: ha subido el IVA, el IRPF, las tasas judiciales (más abogados y procuradores al paro). Recorta sanidad, educación e investigación haciendo retroceder el país a las cavernas. Y ahora quiere colarnos esta.