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Resignificar – Por Andrés Brito

Hace poco, dos adolescentes hallaron un bolso con 6.450 euros y la documentación de su dueña en unos lavabos de un centro comercial de Pamplona. Enseguida solicitaron a un adulto que las acompañara a la policía y allí entregaron el hallazgo.

La señora había denunciado ya la desaparición del bolso, y es de suponer la alegría que le supuso haber recuperado tan importante suma de dinero. No obstante, para mí la buena noticia es el comportamiento de las chicas.

El que hayan obrado así es resultado de una cadena de conversaciones: las que tuvieron con sus padres desde niñas para que les inculcaran una adecuada escala de valores, la que cada una de ellas tuvo consigo misma al decidir cómo actuar, la que tuvieron entre ellas para apoyarse la una a la otra, la que mantuvieron con el adulto que las acompañó y, por fin, la que se entabló con la policía para relatar lo que había sucedido.

Si en alguna de esas conversaciones hubiese habido lo que en coaching denominamos una resignificación, la dueña del dinero nunca lo habría recuperado. Son frases como “un despiste así merece que se queden sin el dinero”, “si nos quedamos con esto nadie se enterará”, “si llevaba tanta pasta en el bolso es que a la dueña no le afecta la crisis”… O algo por el estilo.

Continuamente resignificamos lo que nos ocurre para justificar qué hacemos a fin de alcanzar objetivos. Es inevitable. Pero lo que de nosotros depende es el signo de dicha resignificación, que en último extremo pueden salvar o condenar a alguien.

Celebro que en el caso de las protagonistas del suceso haya sido pensar que, probablemente, la dueña del bolso se iba a ver en un grave aprieto de no recuperar el dinero. Y obrar en consecuencia.

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