conjeturas>

A San Diego> Por Juan Manuel Bethencourt

El martes pasado me correspondió actuar como pregonero de las fiestas del barrio lagunero de San Diego. Vino muy a cuento el lugar y la fecha, martes 13 de noviembre, pues cuando uno se sumerge en las aguas del servicio público, como es el caso, si hay algo que está prohibido es precisamente… la fuga. Como acto festivo juvenil para un día al año está bien, habrá que contar botones en el mármol para apelar a la buena fortuna y el acierto en la gestión, pero el asunto pasa sobre todo por hacer la tarea cada día que pasa y no coleccionar, por tanto, calabazas. No son estos tiempos propicios para el escapismo, y los vecinos de San Diego lo saben perfectamente. Porque lo han peleado durante años, lo atestiguan los rostros de nuestros mayores, expuestos estos días en las fotografías del centro ciudadano del barrio, todo un legado de arrugas y sonrisas, de esfuerzo no siempre bien recompensado, pero esfuerzo honesto en cualquier caso.

Las fiestas de San Diego no comparecen surgidas de la nada, sino que forman parte destacada de una realidad construida mano sobre mano por las propias gentes del barrio, con la determinación que los caracteriza, a lo largo de los años, respetando las tradiciones, atreviéndose con la innovación, cultivando la propia identidad, una identidad por lo demás integradora, incluyente. Por eso puede uno afirmar sin reparo que, aun en las circunstancias más complejas, las fiestas gozan de una óptima salud porque ya se encarga el pueblo mismo de mantener a buen recaudo su vitalidad. Y lo hace con el respeto de las tradiciones, pero también con la renovación de las mismas, y pongo por ejemplo la recientísima recuperación del Camino de Las Peñuelas, esa ruta reencontrada este año con origen en Tegueste, que nos remonta al pasado para proyectar un futuro de convivencia posible entre campo y ciudad, una seña de identidad que define a San Diego quizá como a ningún otro espacio del término municipal de La Laguna.

Hay que salir al encuentro de los demás, como hará este fin de semana nuestra procesión portando al santo patrón, en dos citas a cual más emotiva; mágica la de hoy sábado, la lumbre señalando el camino nocturno, la Danza de las Cintas y el sonido de las cuerdas universitarias, la emoción a flor de piel; bucólica el domingo, el regalo de cada otoño, este pasado por agua, pero siempre reconfortante y vaticinio de mejores tiempos. A San Diego.

@JMBethencourt