a toda máquina>

Silencio, llueve> Por Román Delgado

La estaba cansando de tanta espera entretenida cuando apareció desgarbado y en cholas por la esquina que más goteaba.

-¿Qué coño te pasó, Manolo?

-Nada, hijo, que llueve. Llueve por soleares y, si con dos gotas de agua todo se pone que no hay quien ande, pues imagínate con tremendo disparate. Antonio, así es la vida, hijo… ¡Cambia de cara, joder!, que en nada iniciamos la charla de política. ¿Tienes algo preparado? Anda, anda…, que quiero calentarme de una vez.

Antonio se había aguarecido debajo del pelaje de tremenda ceiba y no paraba de mirar al frente, a la cortina cerrada de agua que amenaza con inundar el cobijo improvisado de ese día en el parque. Estaba perdido, gozando. El agua a veces lo despertaba por el efecto coladera del ramaje, empapado, saturado de tanta precipitación. A lo lejos, nada, solo agua; más cerca, nada, solo agua, y en el recuerdo, nada, solo agua.

-Pero Antonio, despierta, ¡hombre!, que ya estoy aquí, y mira que me ha costado una buena mojada. Y todo para reír con lo último de Rivero, de Soria, de José Miguel Pérez, de Bermúdez, de Tavío… De todos estos. Ya sabes. Anda, arranca, hijo. Ahhh, ¿y has visto lo de ayer de Alarcó? Pedazo de portavoz, pedazo de cirujano… A este yo lo vuelvo a votar. ¡Fijooo…! Pero qué te pasa.

Debajo del árbol las gotas ya herían, que la borrasca, echando agua desde el lunes, había realizado muy bien su trabajo. “Para que luego digan”, pensó para sí el pobre de Antonio.
-Antonio, o arrancas o me piro, que una guagua me sale en cinco minutos. Pero ¿qué coño te pasa, hombre? Anda, anda, dime qué tienes…

En ese momento, tras recibir Antonio tremendo cogotazo por la espalda, cosa de albañiles, el receptor del viaje se giró con virulencia, incluso aparentando repelerlo. Pero no hizo nada. Solo dijo a grito limpio: “¡Cállate de una puta vez, que te pareces a Alarcó! ¡Déjame disfrutar con calma y sin mentar a político alguno de la belleza de la lluvia! ¡Capuuulloo…!

Manolo se acojonó y puso el culo en la poca tierra seca existente. Y así estuvieron, quietos, hasta la salida de la última guagua.

@gromandelgadog