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Soluciones dentro de la política – Por Antonio Alarcó

En el actual contexto de crisis, a la dura imagen del paro y la exclusión social, se añade el descontento ciudadano, entendible desde todo punto de vista, pero que lamentablemente algunos usan para agitar a la opinión pública con propuestas dirigidas, en ocasiones, simplemente a minar la confianza general.

Así, junto al manido recurso del referéndum sobre las medidas del Gobierno de turno, o cambios en el modelo de Estado, por solo citar algunos ejemplos, abundan las encuestas reales que demuestran el hartazgo de la ciudadanía hacia la mal llamada “clase política”.

Convenimos en que, ocasionalmente, llevan razón quienes apuntan sobre este desasosiego de los españoles, preocupados por la necesidad de obtener para problemas que llevan años esperando respuesta.

Hay que aceptar la crítica con nobleza, pues de la crítica razonada se aprende mucho más que del halago. Y es cierto que nunca ha habido gran aprecio de la ciudadanía a la política, pero ocurre que, en democracia, fuera de la política no hay nada. Solo por eso, tenemos que esforzarnos por poner en valor el ejercicio de esta noble ocupación que supone total entrega hacia los demás.

No es cuestión de obviar responsabilidades, pero sí de separar el grano de la paja a través de un pacto de regeneración, fomentando que sean los mejores quienes desempeñen estas funciones, con la convicción de que el político nunca pierde la consideración de ciudadano, y que hay buenos y malos políticos en el mismo porcentaje que en todas las áreas de actividad.

Hablamos de una responsabilidad voluntaria, un compromiso asumido con la sociedad, ejercido con plena transparencia. Este pacto por la política ha de nacer de un compromiso real para recuperar la credibilidad de quienes ejercemos estas funciones voluntariamente, con la satisfacción del deber cumplido como recompensa.

Todo ello, renunciando a ser cortoplacistas: merece la pena hacer las cosas bien y trabajar de forma ordenada y planificada, para entonces, pedir perdón humildemente ante posibles errores, pues los cometeremos como humanos, pero nunca seremos negligentes.

Y lo decimos porque los hay muy preocupados no tanto por la desafección del ciudadano hacia el político, como por asistir a que el mismo desgaste que afronta el gobierno, lo arrastra -y en mayor medida- buena parte de una oposición irresponsable que prefiere huir del consenso para instalarse en la crítica poco cabal.

El actual desapego, que camina peligrosamente por el abismo de la abstención, es aprovechado quienes buscan adeptos fuera de las fuerzas mayoritarias, como también por opciones nacionalistas en busca de un rédito efímero, aprovechando encima el comprensible malestar ciudadano. Pretenden sumar simpatías a partir de un falso victimismo, sembrando la errónea creencia de que la generalidad es opresora, pero la realidad es que jamás partido nacionalista alguno podrá mostrar un ideario, un catálogo de teorías que permitan dar soluciones a las necesidades de los ciudadanos. Es la falta de bases sólidas la que lleva a estos movimientos al fracaso.

Este domingo, precisamente, Cataluña tiene una importante cita con las urnas, indudablemente marcada por la deriva del candidato de una de estas fuerzas, CiU, hacia terrenos ilegales que solo evidencian que estos nacionalismos se ha quedado sin argumentos y sin proyectos que ofrecer. Quizá nunca los tuvieron.

La historia y la realidad misma se han encargado de demostrar que ninguna necesidad humana encuentra remedio en el nacionalismo. Los problemas de la sociedad requieren, en todo caso, soluciones nacionales y europeas, siempre dentro de la política. Aunque cueste creerlo en la actualidad

Requerimos responsabilidad: Juntos valemos más que separados, y no vale la confrontación, sino el consenso y el trabajo común. Es difícil ser un coherente profesional de lo que sea y un incoherente ciudadano: eso al final es la política.

Creemos que en estas circunstancias es cuando debe imperar la serenidad, y hemos de estar más dispuestos, si cabe, a mostrar a los españoles que la política es la solución y no el problema.

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