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Soy menor… ¿y qué? – Por Enrique Arias Vega

Centenares de menores asistieron a la trágica fiesta de Halloween en el Madrid Arena sin que nadie les pidiese el DNI. En seguida, la hipocresía social ha puesto el grito en el cielo por semejante dejadez administrativa. Pero, ¿quién es el guapo que se atreve a exigir el carné en la puerta de muchos de estos establecimientos?

Para empezar, se quedaría sin clientela. Lo más probable, además, es que se organizase un gatuperio de la leche.

En primer lugar, porque en este país las reglas nos las pasamos por la entrepierna. Lo mismo las leyes fiscales que las normas de tráfico. Y es que nos hemos acostumbrado tanto a tener sólo derechos que cualquier limitación la consideramos un atropello. Nuestra permisividad ante las transgresiones es una de las características que más asombran a los extranjeros y algunos de ellos -como los borrachos ingleses en Lloret de Mar- sólo vienen a España a saltarse todas las reglas. Como contraste, recuerdo haber invitado a comer a una alumna mía en Estados Unidos y que el camarero, con su vaso de vino en la mano, no se lo sirvió hasta que ella hubo acreditado que tenía más de 21 años. Si un camarero hiciese algo similar aquí se le caería todo el pelo.

Además, ¿en qué consiste ser menor en España? Si a los 16 se puede trabajar, a los 15 conducir ciclomotores, a los 14 entrar en las redes sociales y a los 13 tener relaciones sociales consentidas, ¿a quién le importa que a los 17 vayan a una fiesta por cutre que ésta sea?

Lo cierto es que, entre una cosa y la otra, con tanta permisividad y también con tanta leche, nuestros jóvenes son ya demasiado viejos y ya no hay nadie que pueda devolverlos a una mojigata juventud como la de antaño.