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Tasa – Alfonso González Jerez

La ocupación turística muestra en Canarias un aspecto rozagante. Los hoteles de las islas reciben más visitantes que hace una década y las perspectivas para este próximo invierno, según la patronal del sector, son singularmente promisorias. Y sin embargo se destruye empleo en la única actividad económica que florece en el Archipiélago. Concretamente en el sector turístico el empleo cayó un 4,6% en el tercer trimestre del año. Los empresarios argumentan que se han visto obligados a bajar los precios para mantener la competitividad del destino y, por tanto, los costes salariales se han estabilizado o reducido. No es imposible. Pero también resulta una evidencia que la elevada rotación del personal, la feroz multiplicación de horas extras formal o informalmente establecidas y el descenso salarial de las plantillas, notorio desde mediados de la pasada década, se han convertido en prácticas habituales de las cadenas hoteleras. Todos los llamamientos a los empresarios turísticos para crear empleo (el mismo presidente Paulino Rivero lo ha hecho en varias ocasiones) es melancólicamente inútil: en el sector se ha instalado una vertiginosa urgencia de rentabilización inmediata y creciente, espoleada por las incertidumbres sobre un crash económico continental, una depresión mundial o la recuperación definitiva de destinos como Egipto o Túnez.

Si no se crea empleo pese a una indiscutible bonanza y cualquier plan de rehabilitación de la planta alojativa financiada con fondos públicos es y será una quimera durante mucho tiempo, queda abierta una opción tributaria. Sin embargo, el propio Gobierno autonómico ha decidido privarse de esta muy razonable medida. Su (digamos) portavoz, Martín Marrero, ha rechazado que el Ejecutivo piense (en implantar una tasa turística. Me gustaría conocer los argumentos técnicos o procedimentales del Gobierno para alejar esta medida como un pecado vergonzante. Cobrando cinco euros a cada turista la Hacienda autonómica podría disponer de unos setenta millones de euros anuales. Y setenta millones de euros anuales no pueden entenderse como una cantidad desdeñable. Bastaría con menos de un millón de euros para mantener abierta la Unidad de Cirugía Cardiaca Infantil en Las Palmas. Martín Marrero explicó que se trasladaría a los niños y bebés con patologías cardíacas a la Península en aviones medicalizados. Siguen sin entender que ya no es posible practicar el cinismo chistoso sin consecuencias. ¿Qué consecuencias? Bueno, cierren esa unidad y, simplemente, esperen el primer soplo de la guadaña sobre la carne inocente y entonces, tiemblen.