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Tócate las narices – Por Arun Chulani

Despierto y recuerdo. Sábado cualquiera, nueve de la mañana, impaciente frente el televisor. Hoy, 24 de noviembre de 2012, hace 186 años del nacimiento de Carlo Collodi, escritor de Las aventuras de Pinocho, uno de los protagonistas de mi infancia. Abuelos, padres e hijos podéis recordar la pequeña marioneta de madera que quería ser niño. Su característica nariz crecía cuanto más mentía. Y 130 años después de su primera aparición en un periódico, nos venimos a enterar: por mucho que le crecía, no significaba que Pinocho mintiera.

Especialistas del departamento de Psicología Experimental han averiguado que la temperatura de la punta de nuestra nariz cambia cuando mentimos. Conocido como el efecto Pinocho, esto explica que, al realizar un gran esfuerzo mental, su temperatura disminuye. Por el contrario, en un estado nervioso, la nariz experimenta un aumento generalizado de calor.

Aquellos que tengáis narices prominentes, ¡buena noticia! Aquellos que mentís sin ton ni son pensaréis que esto no es más que una tontería. Total, mentir no afecta como el tabaco a la salud ni nada por el estilo, diréis. Pero ¿estáis seguros? Otro estudio realizado por investigadores de la Universidad americana de Notre Dame descubrió que aquellos que mienten menos poseen menos tensión, melancolía, cefaleas y dolores de garganta. ¡Normal!

Conozco dos tipos de mentiras. Están las piadosas. Entendibles en ciertas ocasiones. Todos las hemos usado y las hemos recibido alguna vez en nuestra vida. “Estoy saliendo de casa”, “me encontraba mal” o “mañana te llamo”, como algunos ejemplos.

Pero también están las mentiras en mayúsculas. Cualquier persona puede tener la duda de decir la verdad o mentir, de ser honesto o ser falso. Sí, es cierto: a veces no es tan fácil. Quizás muchas veces se ha de sincerar uno primero consigo mismo para poder hacerlo en un segundo instante con los demás. Aun así, la respuesta a todo es ser sincero siempre.

Pinocho, por tanto, no mentía: limpiemos su reputación. No era más que un pequeño personaje creado por un gran literato que tenía problemas nasales famosos. Hay otros que podrían ocupar su lugar, ahora vacante. Dícese de un tal Mariano Rajoy, un tal partido político, un tal Miguel Ángel Flores… Vaya, son más de los que pensaría Geppetto… Y es que ahora comprendo, por fin, la frase “no me toques las narices”. Como empecemos a tocárselas bien tocadas, aparte de ensuciarnos las manos, ¡se nos quedarían destempladas!

@arunchulani