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Tras la cumbre de Cádiz – Víctor Corcoba Herrero

Tras esta última Cumbre Iberoamericana, concelebrada en una relación renovada con el bicentenario de la Constitución de Cádiz, lo que se pone de manifiesto es un espacio común, al que nos une, aparte de lenguas y costumbres comunes, fuertes vínculos de hermanamiento para trabajar unidos. Naturalmente, pensamos que esta reunión va a ser el inicio de una nueva etapa de colaboración más directa y verdadera. Para ver los primeros resultados, se han elegido nuevas fechas en Panamá, que también acogerá el Congreso de la Lengua Española y la celebración de los quinientos años del descubrimiento del mar del sur, el Pacífico. Desde luego, cuanto más piña sea la familia iberoamericana, mejor nos irá a todos. Por otra parte, el mundo entero tiene que ver que este espacio cultural iberoamericano va más allá de las nostalgias o de retóricas absurdas, y que sus propuestas son un verdadero motor de avance para resolver la crisis y sus colaterales. Efectivamente, hoy América Latina, al contrario que Europa, se muestra como un destino productivo con repercusiones globales. Por ello, creo que Iberoamérica merece un lugar y una consideración en el horizonte mundial. Todo va a depender de sus miembros, de estos países unidos en la cooperación y en la unidad de acción. Con este primer paso, en el que los jefes de Estado y de Gobierno, evocando el referente de la Constitución de Cádiz, hayan dialogado sobre los problemas actuales, en un ambiente de fraternización, refleja que se va por buen camino para acometer las reformas necesarias para un modelo económico y social más integrado y justo. Se trata de hacer justicia social en un mundo en el que proliferan tantos paraísos fiscales, tantos desórdenes e inseguridades, tantos comercios y mercaderías empezando por la propia vida humana. Sin duda, hace falta fortalecer más las democracias, sus instituciones y el Estado social y de derecho, para encontrar un camino de esperanza.