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Tuiteando la noticia> Ylka Tapia

En Twitter, cada internauta tiene su propio hashtag (etiqueta), un espacio para informar e informarse, participando como sujeto activo de la comunicación. Atrás quedó el discurso unilateral del periodismo, ahora disponemos de un instrumento tan potente que asomarse a él produce vértigo. Porque, una vez más, un acontecimiento de la magnitud de una huelga general generó un discurso informativo elaborado por los propios protagonistas, una sociedad hastiada que podía secundarla o no.

Las etiquetas #14N y #Pancartas14N -esta última utilizada por muchos para satirizar con la situación- encendieron a la red microblogging, convirtiéndose como era de esperar en trending topic (TT) durante toda la jornada. Evidentemente, también los que se abstuvieron expresaron su negativa en #Novoy14N, y ciudadanos españoles o vinculados a nuestro país enviaron sus tuits de ánimo o disconformidad. En definitiva, que las múltiples plataformas digitales se han convertido en refugios -también en piquetes informativos-, en entornos libres (salvo en China y otros países), para una ciudadanía que no vislumbra luz al final del túnel de esta crisis económica.

En nuestra tierra, otro hecho nos remitió a Twitter para conocer en riguroso directo lo que estaba ocurriendo: #Cho Vito. Impresiones e imágenes del desalojo de este emblemático pueblo costero, cuya angustiosa situación ha sido relatada en directo por profesionales y testigos mediante sus smartphones -también los medios han sabido publicitar sus especiales informativos-. La relevancia de la noticia lo convirtió (al hashtag) en TT en toda España, lo que me lleva a incidir en la importancia de atender estas conversaciones, ya que contribuyen a tomar el pulso a la actualidad. No obstante, advierto que ‘estar’ en una red social no es suficiente. Valga de ejemplo los controvertidos perfiles del Parlamento Europeo, cuestionados por su escaso feedback, a pesar del titánico esfuerzo por ‘venderse’ como institución indispensable para Europa. En este caso, para dar con la tecla hay que saber ‘escuchar'; un verbo que, me temo, todavía no saben conjugar los poderes públicos.