sobre el volcán >

La universidad se aleja todavía más – Por David Sanz

Uno de los mayores misterios de La Palma, por encima incluso de sus leyendas, ha sido cómo familias con una economía modesta eran capaces de mantener a varios hijos haciendo estudios universitarios en el exterior. En muchos casos, incluso, sin beca. Parece cosa de magia que con un sueldo de camarero, una familia costeara los estudios de dos hijos en La Laguna. La calculadora de cualquier economista de la Escuela de Chicago hubiera saltado por los aires para cuadrar una operación tan compleja. Sin embargo, las cosas salían gracias a un enorme sacrificio por parte de los padres, que llevaban una vida espartana con el consuelo de que sus hijos pudiesen aspirar a un futuro mejor. Normalmente esos jóvenes ya no regresaban a vivir a La Palma y se labraban un futuro fuera de la Isla, porque las oportunidades laborales para la gente más cualificada eran más amplias que en el terruño. Esta capacidad, con la crisis y la política educativa del ministro Wert, está llamada a desaparecer y a dejar de ser un misterio para convertirse en leyenda, porque en unos años solo podrá acceder a una formación universitaria de calidad quien tenga una economía saneada.

La reducción escandalosa de las becas y el incremento de las tasas universitarias, junto con el desplome del poder adquisitivo de la clase media, condenan a muchos estudiantes palmeros, que antes podían realizar estudios superiores gracias al esfuerzo estoico de sus familiares, a no poder ir la universidad. En esto, como en casi todo, la derecha más rancia, con el pretexto de la crisis, está doblegando al estado de bienestar para imponer un sistema trampa, que adora la competitividad, pero no crea las condiciones de igualdad para que todos partan con las mismas posibilidades. Para este sistema neoconservador, una universidad debe ser, sobre todo, un negocio y no una academia; una máquina de otorgar credenciales en vez de un centro para formar a las personas. El límite del esfuerzo viene impuesto por la cuenta corriente. Quien tenga una situación económica desahogada podrá equivocarse un año, enfermar, repetir, sentirse desbordado por los temarios. Pero como estés justo de recursos y se te ocurra fallar, la universidad ya no es para ti. La Palma, que presume de un elevado porcentaje de universitarios, es muy probable que pierda ese privilegio, ganado con el esfuerzo y el sacrificio de mucha gente humilde.