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Los ‘urdangarines’ de Cristo – Por Carmelo J. Pérez Hernández

Pues anda que últimamente están las cosas como para citar al Rey como referente de nada! Entre las cuestiones de alcoba -nunca resueltas-, sus díscolas caderas y los urdangarines que le salen al paso no está la monarquía para alegrías mayores. Esto de ser rey ya no es lo que era, está claro.

Ajenos a esta coyuntura histórica, en la Iglesia seguimos celebrando una fiesta en la que llamamos a Cristo el Rey del Universo. Hoy es ese día. Se trata de una solemnidad con un significado reconfortante: los creyentes proclamamos, deseamos y pedimos al mismo tiempo que Cristo sea lo más importante de nuestra vida, de la vida entera, el acontecimiento central que justifica la Historia.

Todo junto: celebración, deseo, petición… porque estamos en camino y ya sabemos que mientras se camina se ensucian los pies. Y sabemos también que lo que está claro en nuestra cabeza no es siempre lo que luego ponemos por obra. Vamos, que si de verdad Jesús fuera nuestro rey en la práctica, distinto nos iría como personas y como comunidad.

Pero no. También el reinado de Jesucristo tiene sus urdangarines en este mundo. Siempre con todo el respeto lo digo, y siempre con la presunción de inocencia de por medio. Dicho queda.

Lo cierto es que no es extraño que, olvidándonos un tanto de lo que nos hace persona, nos convirtamos a menudo en personajes que traicionan su confianza.

No es difícil traicionar la amistad con Jesús: basta con romper los lazos de intimidad que él nos ha ayudado a crear con el paso del tiempo, es suficiente con desatender la voz interior que nos empuja al encuentro con nuestro Dios y al servicio a los demás.

Es entonces cuando se desdibuja lo que somos. Aunque parezca una obviedad, y lo sea, no hay cristianos sin Cristo. Es obvio, pero estamos necesitados siempre de que nos lo recuerden: que lo nuestro no es como pertenecer a un club, donde el carné te da derecho a ser miembro para siempre. Lo de ser cristiano, seguidor de Cristo, se renueva cada mañana y se revisa al caer el sol cada tarde.

Porque lo nuestro es una relación, un encuentro, una apuesta. Lo nuestro es un encargo: que Cristo sea el rey de nuestro universo.

La fiesta de hoy nos conviene por eso. Y por eso necesitamos revisar si como individuos y como Iglesia podemos celebrarla con limpieza. Tampoco la comunidad obtiene el sello de calidad de una vez para siempre. Y aunque es cierto que Cristo se ha entregado sin condiciones a su Iglesia, no lo es menos que esa verdad, además de un regalo, es una tarea.

Urdangarines o amigos de Jesús. Hoy toda pensar en ello porque hay que decidir.

@karmelojph