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Le amo, es igualito a…

Por REBECA DÍAZ-BERNARDO

Que levanten la mano los que nunca hayan escuchado esta frase a algún amigo o amiga, sobre todo amiga, porque las chicas somos más propensas a enamorarnos del primero con cara de Brad Pitt o Eric Bana que pase por delante, según los gustos. Y es que el cine nos la juega que da gusto desde que somos crías. El otro día les hablaba del pájaro espino y lo locas que las volvió a todas ese actor incluso haciendo de cura y eso me da para pensar que crecemos aprendiendo de nuestras madres a idealizar a un señor del que no conocemos absolutamente nada, solo por el hecho de que está macizo y si encima los papeles que interpreta son de tío magnífico, ya ni les cuento.

Ejemplo perfecto: Harrison Ford. Lo de este tío, al menos en mi caso, es ya para cogerle asco porque creo que solo una vez ha hecho de marido infiel y hasta asesino, porque de resto siempre sus personajes han sido de padre maravilloso, esposo perfecto al mil por cien, amante que te deja del revés como a un calcetín, y por supuesto profesional como la copa de un pino hasta haciendo de amnésico, ¿se acuerdan?, pues estoy harta de él, porque estará más bueno que el pan, pero resulta que en la vida real es otro madurito al que se le fue la pinza y dejó esposa de toda una vida por flaca treintañera y se colocó un pendiente en la oreja.

Otro ejemplo para el que cito de nuevo a mi señora madre: Clint Eastwood. A este señor yo creo que mi progenitora lo conoció por Los puentes de Madison y de golpe y porrazo se enamoró de él, supongo que como tantas, sin importarle su anterior trayectoria de bueno (con feo y con malo al lado) o del Harry duro e impertinente ochentero. ¿Y por qué?, pues porque el personaje es el de un romántico fotógrafo enamorado hasta las trancas de una mujer casada, que encima lo deja apalancado bajo la lluvia, y es que ¡ay Dios!, es para echarse a llorar. Pues no, porque después de eso, aunque ya menos guapo y menos sucio e impertinente no ha hecho otro papel romanticón, pero ahí sigue mamá viendo todo lo que haga porque le adora y le espera en un nuevo papel de tío perfecto.

Más ejemplos: Robert Redford. Lo sé, lo sé, lo de lavarle el pelo a Meryl Streep a pulso en África es una de las escenas más románticas del cine mundial… venga no me fastidies, el tipo era un egoísta, un pasota, que iba y venía a sus anchas y que le asustaba un compromiso más que enfrentarse a los leones… y ellas enamoradas de él porque la miraba en silencio y la escuchaba hablar y la dejaba ser ella misma y le lavaba el pelo.

Bueno, te cuento un secreto que ya en su día me costó un disgusto con mamá porque ella no se quiso convencer: en primer lugar, los actores son tíos guapos, musculosos en su gran mayoría, señores que están para ser mirados y tal vez admirados, según seas fan fanática o light, es decir, que tienen que cuidar su físico como las modelos porque viven y comen de ello.

En segundo lugar, las películas románticas, estén dirigidas por un hombre o una mujer, me juego lo que quieran a que el 99% de los guiones están escritos por mujeres. En tercer lugar, esos guiones o novelas hechas guiones, escritos por mujeres, de índole romántica con pareja protagonista, termine bien o mal el tema para ellos, están enfocados al público mayoritariamente femenino, y en cuarto lugar, muy importante, los protagonistas masculinos de esos guiones, novelas, películas de índole romántica, son descritos por mujeres y para mujeres, es decir… te ponen a un tío guapérrimo que interpreta a un ser perfecto porque describen al arquetipo de hombre que todas quisiéramos pero que no existe, lo siento, no existe, perdónenme, ¡no existe!

Casi todas las que estamos en pareja lo hacemos con un señor, en este caso, que cumple con las expectativas de rol masculino que deseamos como mujeres, pero ese compendio de perfección peliculera, de guapo, alto y musculoso, triunfador, sexy, amante ardiente, rico, sonriente, comprensivo, buen cocinero, cambiador de pañales, entretenedor de suegras, paseador de perros miniatura sin pizca de vergüenza, mecánico de su propio coche, pintor de brocha gorda en vacaciones, ñapas los fines de semana, limpio y aseado, decente, buena persona, con buen gusto para hacer regalos, que sepa bailar y cantar, bla bla bla… es-que-no-existe. Y si no, a ver cuántas odiaron al marido puñetero de El piano y en cambio se enamoraron del otro que mira que era feo y hasta tenía barriga, ¿eh?, pues eso, que te enamores de un tío real y no de otro que se parezca a Perico de los palotes porque fijo que no será el hombre perfecto que Perico ha interpretado en alguna ocasión.