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Chávez gana hasta ausente – Por Gerardo Daniel Settecase

Al ver los resultados de las elecciones regionales del domingo pasado en Venezuela, vino a mi memoria una histórica frase de un dirigente argentino del Peronismo, movimiento fundado por el general Juan Perón.

Este dirigente sostenía que “los peronistas votan un cerdo o un ladrillo, siempre que la boleta lleve la foto de Perón”.
Sería fácil aceptar esta comparación entre Argentina y Venezuela si no fuera por dos circunstancias que los diferencia: la primera es que Chávez no está ni exiliado ni muerto, como ocurría con Perón; y la segunda, que en Argentina, en contraposición a Venezuela, votar es obligatorio.

Lo seguro, entonces, es que en esta última diferencia radique el éxito de los hombres de Chávez y, por supuesto, su habilidad para poner en marcha un aceitado aparato de movilización -a veces forzado- para lograr que sus adeptos concurran a votar, mientras que la oposición no solo no cuenta con ello, sino además aceptó una fuerte apatía de una sociedad opositora hasta “resignada” a que el chavismo obtenga el triunfo, acompañando así al de su líder en las recientes presidenciales.

Y pese a que el chavismo, incluido Chávez, ya no triunfa por esos abrumadores 80% u 85% con los que lo lograban a principios de siglo, debe reconocerse que, con la excepción de algunos pocos estados, su hegemonía supera la incapacidad -cuando no su corrupción- para gobernar por parte de quienes los representan en ellos gracias a recibir mayores aportes del Estado nacional, y los fondos económicos ilimitados de las misiones creadas por Chávez.

Y ello supera a una oposición no solo incapaz de movilizar a sus votantes, sino también de recuperarse de su pasado bañado de desinterés por el bienestar de los venezolanos y que ahora parece haber comprendido, cuando Chávez gana hasta ausente. Sin necesitar ni su foto.

gerardoctkc@gmail.com