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El chiringuito – Alfonso González Jerez

El chiringuito es, al mismo tiempo, el más activo nido de ametralladoras del PP canario contra el Gobierno regional y su última línea de defensa. Cada vez que se evidencia, en prestaciones o servicios públicos, la miseria presupuestaria de la Comunidad Autónoma, el portavoz conservador en la Cámara, Asier Antona, salta cual Pepe Benavente y comienza a cantar El chiringuito con un ritmo irresistible. Es un argumento (llamémoslo así) de doble uso: una acusación de la patrimonialización del Ejecutivo canario por CC y una neutralización de las responsabilidades políticas que, en el presente cataclismo económico, corresponde al Gobierno de Mariano Rajoy y a sus feroces recortes presupuestarios. El problema, según esta pueril mamarrachada, no tiene su origen en las brutales amputaciones practicadas por el Gobierno central en las transferencias a las comunidades autónomas, entre ellas Canarias, sino en el mantenimiento de departamentos, oficinas y empresas públicas del Gobierno de Paulino Rivero que solo se mantienen para alimentar a cientos o quizás a miles de paniaguados coalicioneros. Y socialistas, supongo.

Ciertamente Rivero y su equipo han sido incapaces de diseñar, consensuar e impulsar la imprescindible reforma de la estructura administrativa de la Comunidad. De aquella comisión de estudios extrañamente copresidida por José Luis Rivero Ceballos y Fernando Ríos Rull nunca más se supo. La reforma administrativa no es un asunto menor, ni económica ni funcionalmente, y resulta intolerable que el Gobierno, los cabildos y los ayuntamientos la orillen tan estúpidamente como lo están haciendo. Pero Antona y sus compañeros, que estarían más guapos exponiendo propuestas concretas y abandonando los tics propios de un anuncio de Soberano (“basta ya de lloriqueos, que gobernar es cosa de hombres”), deberían mostrar un fisco de vergüenza propia. El Gobierno de Rajoy cuenta actualmente con 455 altos cargos, uno más que el año pasado. Don Mariano ha aumentado el 27,6% el personal nombrado digitalmente en la Presidencia del Gobierno. Se ha mantenido un ministerio tan vacío competencialmente como el de Sanidad, porque había que premiar la ubicua lealtad de Ana Mato, y ahí siguen las diputaciones provinciales atiborradas de plantillas sobredimensionadas con miles de laborales con el carné del PP encajado en la boca. Se entiende que esto no es un chiringuito, sino un supermercado que contribuye a fabricar miseria y parados.