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Digo Diego – Por José Miguel González Hernández

Por ahora, la exageración no paga impuestos. De ahí que en cualquier campaña electoral se puedan exagerar las promesas. Incluso se pueden decir hasta mentiras. Muchas mentiras. Aunque lo peor es que lo asumimos e incluso algunos se las creen. Sabemos que parte de la clase política miente y se torna ambigua para no perder votos. Actúan como esclavos del poder, capaces de esconder la verdad y confundir con tal de lograr la victoria. Pero ahora que estamos sentados, no vamos a contar mentiras, tralará. Ahora que estamos sentados, vamos a constatar un hecho. Vamos a demostrar que se pueden incumplir, ya no un programa electoral, sino preceptos legislativos, a la vez que se ponen como inalienables otros. Vamos a demostrar que simplemente con un “lo hago, aunque no quiero”, se puede desde maltratar a una sociedad a justificar cualquier acción. Vamos a demostrar cómo Pinocho sería una persona en la que se podría confiar ciegamente en comparación con cualquier miembro del Gobierno. En primer lugar, se prometió gobernar para todos por igual. Falso. Mientras echamos a la gente a la calle de sus trabajos y viviendas, hay sectores que reciben 40.000 millones de euros con el objeto de no laminar sus privilegios, sin que tengan que asumir el coste y las pérdidas de una gestión más propia de piratas que de personas honestas. Además, esos 40.000 millones contabilizarán como deuda pública para que la tengamos que afrontar todos los ciudadanos. De igual manera, se prometió no incrementar la presión fiscal sobre aquellas capas sociales de menor renta. Falso. Se incrementan los impuestos sobre el consumo, se incrementan las retenciones, se incrementan los tipos impositivos del IRPF sin la modulación adecuada en torno a la progresividad fiscal necesaria para hacer los ajustes de forma solidaria. También se prometió no modificar la prestación por desempleo porque bastantes problemas ya tenían los parados. Falso. Las personas desempleadas han visto reducida su prestación por desempleo a partir del sexto mes de inactividad. Se nos prometió que la provisión de bienes y servicios públicos iba a estar garantizada a través de los impuestos que ya pagábamos y se garantizaba el acceso universal a las prestaciones sanitarias. Falso. Asistimos diariamente a una sanidad a la que se accede con todos los recortes posibles y por haber, traduciéndose en un incremento exponencial de las listas de espera, con pagos, copagos y recopagos en los medicamentos, excluyendo al colectivo de inmigrantes irregulares. En el campo de la educación, mientras se defiende una educación de calidad para todos, el fracaso escolar va contaminando poco a poco la sociedad, transformándola en una más embrutecida y manipulable. En el campo de la justicia, le han recortado la venda a la diosa Themis y ya no es igual para todos porque ahora puede ver. También se prometió hacer una reforma laboral para generar empleo. Falso. Se ha abaratado el despido y el número de desempleados se ha incrementado de forma brutal. Se prometieron bonificaciones a la contratación y estas han desaparecido. Se prometió mejorar las condiciones financieras de las pymes y han cerrado más de 125.000. Se prometió solvencia financiera para la Administración pública y el nivel de endeudamiento público se ha incrementado hasta el 90,50% del PIB. Pero ojo, se prometió que las pensiones eran sagradas, intocables. Falso, falso y falso. Cochinos 400 euros al año que les han robado a nuestros mayores más el cobro de la medicación. Rastreros son aquellos que, en nombre del cumplimiento de aquella parte de la ley que acomoda y blinda a los suyos, incumple de modo flagrante la legislación que afecta a la calidad de vida de las personas. Bah.

*RESPONSABLE DEL GABINETE TÉCNICO DE CC.OO. EN CANARIAS