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Efemérides – Por Antonio Alarcó

Con ocasión del Día de la Constitución, no quisiéramos abstraernos de dos importantes efemérides que hemos rememorado este año que termina. Tanto el bicentenario de nuestra Primera Carga Magna, aprobada en 1812 y conocida como La Pepa, como el primer centenario de la Ley de 11 de julio de 1912, de cabildos insulares de Canarias, instituciones peculiares y propias del Archipiélago, se suman a la celebración de estos 34 años de la Constitución de 1978.

La importancia de las Islas en los distintos procesos constituyentes se puso de manifiesto desde el año 1812, en un texto modelo para toda América, y que, por primera vez, consagraba que el poder reside en el pueblo y reconocía derechos hoy inalienables como la propiedad privada o la libertad de prensa.

Con un ánimo reformista muy avanzado, aquellos diputados del XIX, entre los que figuraban cuatro canarios, también contribuyeron a la reorganización de la administración, preceptos que reconoce la Constitución vigente, para dar cabida a los Cabildos insulares.

Conviene evocar estas efemérides no solo para rendir merecidos homenajes y recrear el pasado, sino también para reflexionar acerca de nuestro porvenir, reconociendo la importancia de las administraciones en el marco del Estado de derecho, como garantes del orden y el bienestar, siempre junto al ciudadano, nunca en frente, y renunciando a competir con la sociedad civil. Si bien hay que profundizar en el principio de una función para una administración, el proceso de descentralización constituye un logro que ha priorizado la proximidad de las entidades de gobierno, e intenta garantizar su transparencia y eficacia, y el cercano tratamiento de las cuestiones que atañen directamente a todos.

Pero es preciso seguir avanzando en estos y otros retos. El Día de la Constitución es una buena ocasión para recordar que la Sociedad siempre va por delante de un sistema constitucional que intenta que casen todas las piezas en él, y no siempre es sencillo.

Hemos asistido este año, por ejemplo, al despliegue de localismos excluyentes e irresponsables que han tratado de minar la unidad de nuestro país, desautorizados con rotundidad por la ciudadanía y por la Unión Europea.

Una gran mayoría de los españoles apoyamos la pervivencia de la Constitución, por más que se haya querido generalizar que es incorrecto hablar de la unidad de España, o de nuestro valioso idioma español, un tesoro que debemos de revitalizar en nuestras escuelas y poner en valor como el estandarte de la Marca España. Lo dijo Mariano Rajoy en el Senado, en los actos conmemorativos de este 34 aniversario, en los cuales participamos: Es posible mejorar y perfeccionar el texto constitucional, pero solo debemos iniciar el proceso cuando sepamos qué queremos cambiar y cómo hacerlo, sin originar crisis ni fracturas innecesarias.

Está claro, cuando lo que ha funcionado durante 34 años y ha garantizado la convivencia y la Paz Social de los españoles en el periodo más largo de nuestra historia, se utiliza para otra cosa, deja de emplearse correctamente, y emergen las consecuencias. El ciudadano es, entonces, el más desamparado.

En un contexto de crisis generalizado que trasciende al mero análisis económico, la Constitución expresa el modo en que han de ser las cosas, pero quienes tenemos la responsabilidad de gobernar, como depositarios de la confianza de todos, hemos de revivir en nuestros actos y decisiones aquel espíritu de unidad y progreso de la España de 1978.

Como ocurrió con La Pepa en 1812, o con la primigenia Ley de Cabildos de Canarias, el coraje de un pueblo vence todas las dificultades. Superamos momentos de enorme complejidad, y también vamos a poder con los actuales, aunque sean difíciles.

Reivindicamos, por ello, al individuo, la cultura del esfuerzo y el sacrificio, pues nuestra sociedad necesita del trabajo diario y responsable de todos nosotros, y grandes consensos sobre lo que de verdad importa, aquello que nos hizo, hace 34 años, cien o doscientos, aparcar diferencias para ganar oportunidades.

España es un gran país, y juntos valemos mucho más.

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