Estructuras y personas> Por Jaime Rodríguez-Arana*

Estos días hemos conocido que un paciente hubo de esperar 21 días a que dos autonomías limítrofes, Castilla-La Mancha y Valencia, se pusieran de acuerdo acerca de quién era la competencia y cuánto costaba el servicio. En Madrid, el incidente del Madrid Arena muestra las luchas competenciales entre la Delegación del Gobierno y el Ayuntamiento sobre qué cuerpo policial es el responsable de la seguridad de la fiesta de marras en la que fallecieron cuatro jóvenes.

Estos acontecimientos, que podrían citarse muchos más, reflejan hasta qué punto hacen falta reformas para que las estructuras realmente estén al servicio de las personas, de los vecinos, de los habitantes. Y no al servicio de las apetencias de poder de algunos responsables públicos que esconden tantas veces su incapacidad con argumentos burocráticos. No puede ser que dos autonomías abandonen a su suerte al usuario de una ambulancia por problemas de entendimiento entre ellas. No puede ser que la razón de ser de las autonomías y ayuntamientos, de todas las administraciones públicas, que es la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos, se lesione de forma tan grave. No puede ser, de ningún modo, que tengamos policías nacional, local y autonómica, con miles y miles de efectivos, y que resulte que tantas veces la seguridad brille por su ausencia ante las cuitas y celos competenciales.

Estos hechos ocurridos en días próximos aconsejan la reforma administrativa pendiente desde hace tanto tiempo. Animan a entrar a fondo en el reparto competencial pensando en cómo atender mejor los asuntos colectivos de la ciudadanía. En Alemania se pusieron de acuerdo no hace mucho los principales partidos para reformar la Constitución y situar en cada ámbito de gobierno y administración las competencias en función de su mejor prestación.

De todas formas, la reforma más urgente y necesaria es la de la mente de tantos dirigentes que solo ven y solo contemplan su ubicación permanente en la cúpula. Y en función de ese objetivo están en política. Esa es la gran reforma que se precisa pues las estructuras están para las personas, no las personas para las estructuras.

El gobierno y la administración tienen sentido en la democracia si están al servicio del pueblo, si trabajan para mejorar las condiciones de vida de las personas. Esta es la clave que muy pocos dirigentes están dispuestos a asumir por la sencilla razón de que tal cometido es arriesgado, muy arriesgado. Y como la máxima es que mejor no hacer nada que equivocarse, ahí tenemos toda una legión de burócratas y altos funcionarios que se esconden por miedo a asumir responsabilidades. No es extraño, pues, que las encuestas y los sondeos manifiesten determinada opinión de la ciudadanía acerca de administraciones y gobernantes.

*CATEDRÁTICO DE DERECHO ADMINISTRATIVO / jra@udc.es