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Lealtad – Por José David Santos

 

Hace unas semanas, en una de esas conversaciones triviales que terminan por tocar asuntos de todo tipo, espeté a mis tertulianos una pequeña boutade en la que colocaba a mi gata en el top ten de seres vivos que salvaría ante el fin del mundo que, según anunciaron los mayas, se avecina sobre nosotros. Pensándolo bien, y sin ánimo de parecer extremista, la gata se ha elevado al top five porque, parafraseando un ripio popular, cuanto más conozco a las personas, más quiero a mi gata. Y eso que la mía no es precisamente un alma cándida y, como casi todos los pequeños felinos, considera que el domesticado soy yo. Y no la salvaría por el conjunto de sentimientos que me pueda despertar un bicho tras siete años de convivencia -que también-, lo haría, sobre todo, por la certeza de su lealtad. Sí, la gata es una interesada, elige cuando acercarse o alejarse de ti, te araña si se le cruza el cable y acojona a las visitas, pero, por instinto o lo que sea, el día que algo no carbura en tu vida ella está ahí, con la mirada limpia, ronroneando o, simplemente, acompañándote en un mal momento. La reconoces leal. En la política canaria hay pocos gatos y gatas. Cojan el argumentario que he ideado para poner a mi gata por encima del 99,999% de la humanidad y verán que, cogiendo los contra, y abandonando los pro, se nos dibuja el panorama actual de la política patria. Y es que se puede discrepar; huir hacia adelante por defender lo que consideras mejor para ti, tu partido o los ciudadanos a los que representas; tratar de establecer alianzas para conseguir más y mejores objetivos; reconocer que aquel que fue tu líder o tu subalterno debe cambiar de rol y luchar por ello; puedes, incluso, admitir el fracaso y abogar por el cambio, aunque en el camino, se queden algunos de tus amigos o colaboradores. Sin embargo, todo eso que podría ser lo común en una pugna política (los arañazos del símil gatuno) no se compensa con la seguridad de ese intangible que, por suerte, yo reconozco en mi felina de pelaje negro: su lealtad. Será por eso que, si llega el fin del mundo, pocos parlamentos y congresos se formarán con listados parecidos al mío.

@DavidSantos74