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La lección de un ganador – Por David Sanz

Ayer me encontré a un amigo en la calle que acababa de ganar tres millones de euros en la Lotería Nacional y me sorprendió su naturalidad. Saludó como siempre, no iba vestido de marca y tenía preparado su habitual chascarrillo. No hay nada como el sentido del humor para saber que alguien mantiene el equilibrio psicológico. Imagino que cuando vaya por las mañanas al bar Bahía no levantará el dedo meñique cuando tome café, ni dejará de encontrarse con sus amigos de siempre en la Bodeguita del Medio para comentar las novedades de la jornada. No me da la sensación de que esta persona tenga cuentas pendientes que saldar con nadie. Su bonhomía está reñida con ese sueño inconfesable que muchos albergan en su interior: “si me toca la Primitiva, fulanito se va a enterar de lo que vale un peine”. Todo lo contrario. Las mismas calles, la misma gente, su familia y sus aficiones. En la vida es difícil saber perder, pero tan complicado o más es saber ganar. La diferencia, en ambos casos, la marca la buena gente. Es tan sencillo perder la cabeza en una u otra circunstancia, que hay que tener la testa muy bien amueblada y, sobre todo, una gran estabilidad emocional, para no ahogarte en tu propia desgracia o éxito. En una ciudad pequeña como Santa Cruz de La Palma, estas noticias corren como la pólvora y casi todo el mundo conocía la persona agraciada en menos de 24 horas. “Ahora te vas a comprar un coche, supongo” o “ya tendrás los billetes para salir de viaje”, me comenta que le ha ido diciendo mucha gente al enterarse del premio. Ni se ha comprado un coche, “¿para qué, si el mío funciona bien?”; ni se ha marchado al otro extremo del planeta. “¿Dónde voy a estar mejor que en Santa Cruz de La Palma, sobre todo ahora que hay fiesta, con la Navidad?”, te dice con toda la naturalidad y la franqueza del mundo. Y sabes que no es una pose de cara a la galería. Porque además es verdad. En pocos sitios se puede disfrutar tanto de estas fiestas como en la capital palmera, ahora que sus calles vuelven a llenarse de gente y del sonido de los villancicos con Los Divinos. Hay que celebrar que en estos tiempos tan difíciles, donde la inmensa mayoría de las personas padecen las consecuencias de la crisis, a alguien así, que no hace ostentación de su buena suerte, le toque la diosa fortuna.

Felicidades.