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La nueva Libia se abre a las empresas españolas

EFE | Trípoli

La nueva Libia surgida de la revolución que derrocó hace ya más de un año a Muamar el Gadafi quiere reconstruir el país y ha invitado hoy a las empresas españolas a participar en las ambiciosas infraestructuras que planifica, mientras revisa los contratos suscritos con el anterior régimen.

Los ministros españoles de Exteriores, José Manuel García-Margallo, y de Fomento, Ana Pastor, que han viajado a Trípoli junto a una quincena de empresarios, han mantenido hoy las primeras reuniones con el nuevo Gobierno libio, que tomó posesión el pasado 14 de noviembre.

Según ha explicado en rueda de prensa Margallo tras reunirse con el primer ministro, Ali Zidan, y con el presidente del Congreso Nacional, Mohamed al Magrif, que ejerce de jefe del Estado hasta la aprobación de la Constitución, son la primera delegación gubernamental occidental que se entrevista en Trípoli con el recién constituido Ejecutivo.

Con unas relaciones económicas bilaterales totalmente desequilibradas debido a la compra de petróleo (España ha exportado en los primeros nueves meses del año por valor de 229 millones de euros y las importaciones superan los 2.400 millones), Margallo ha subrayado que hay un “gran margen” de mejora.

Ha recalcado así la “enorme ilusión” de las empresas españolas que quieren hacer negocios en Libia, un país con gran liquidez y que quiere reconstruir las infraestructuras dañadas durante el conflicto y expandir su red aeroportuaria, ferroviaria, portuaria y de carreteras.

“Los buenos amigos hacen las buenas alianzas políticas y, por qué no, los buenos negocios”, ha subrayado, tras recordar el respaldo a los rebeldes prácticamente desde que en febrero de 2011 comenzó la revolución y la ayuda humanitaria y sanitaria prestada durante el conflicto.

La titular de Fomento, que ha apostado con las autoridades libias por restablecer las comunicaciones áreas directas entre Madrid y Trípoli, ha puesto sus ojos en los planes de las autoridades para construir decenas de miles de viviendas, un proyecto que interesa no sólo a las constructoras, sino también a industrias como la del mueble o la cerámica.

Por su parte, el ministro de Exteriores en funciones de Libia, Mohamed Abdelaziz, ha dado la “bienvenida” a las empresas españolas, públicas y privadas, y ha destacado la “excepcional” etapa económica que atraviesa su país.

El país norteafricano ha recuperado el nivel de producción de petróleo anterior a la revolución (más de 1,5 millones de barriles diarios, 300.000 de ellos correspondientes a Repsol) y espera que su economía crezca un 17 por ciento en 2013.

Los dos gobiernos han acordado, además, crear un comité mixto hispano-libio para analizar la situación de las compañías que tenían inversiones en el país antes de la revolución, que habían suscrito contratos con el régimen de Gafadi, o que están pendientes de cobro.

El comité revisará todos los casos españoles, y Abdelaziz ha garantizado su voluntad de acuerdo, pero ha dejado claro que la solución para esas empresas deberá ser también aplicable al resto de las compañías extranjeras.

Junto a esta cuestión, Margallo ha asegurado que España está “absolutamente dispuesta” a colaborar con el Gobierno libio para recuperar los activos congelados que tenía en España el régimen de Gadafi.

Según fuentes diplomáticas, ya se han realizado las gestiones para devolver todos los bienes: fondos por valor de 350 millones de euros depositados en el Banco Árabe Español (Aresbank) y una finca en la provincia de Málaga con un valor catastral de unos 45 millones.

La prioridad del Gobierno libio, además de diseñar nuevos tribunales de justicia y unas fuerzas armadas, es restablecer la seguridad en sus fronteras terrestres, permeables al tráfico de personas, drogas y armas.

Abdelaziz ha reclamado la ayuda internacional, y Margallo ha garantizado que España estudiará fórmulas de cooperación a través de la Guardia Civil, que ya mantiene con Libia programas de intercambio de información sobre inmigración,

El titular de Exteriores, que ya ha visitado otros países donde ha surgido la “primavera árabe” como Egipto y Túnez, ha situado el Mediterráneo como “eje vital” de la política exterior española, y Abdelaziz ha considerado a España como su “verdadero embajador” en la Unión Europea.

Tras establecer un paralelismo entre la reciente historia libia y la española, Margallo ha brindado la experiencia de la transición española a las autoridades de Trípoli y ha acordado con ellas apoyar la reconstrucción de sus instituciones a través de la Casa Árabe y la Casa del Mediterráneo.

También se les ha ofrecido la Escuela Diplomática para formar a sus jóvenes diplomáticos y se ha alcanzado un acuerdo para formar en España a entrenadores, médicos y deportistas.