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Oxímoron Montoro – Juan Manuel Bethencourt

El ministro Cristóbal Montoro es, dentro del Gobierno de la nación, uno de los más acrisolados defensores del oxímoron. Hay que subrayar su elocuencia a la hora de defender una cosa y su opuesta. Como en la película El protegido, fábula sobre el cómic escrita y dirigida en 2000 por M. Night Shyamalan, el responsable de Hacienda plantea en cada comparecencia pública la simbiosis entre el bien y el mal, la tolerancia y la intransigencia, la comprensión hacia el hecho autonómico y la descalificación amenazante. A partir de ahí cada receptor, léase medio de comunicación, alcanza la conclusión que mejor se ajuste a su línea editorial. Pero hay que pararse a analizar la rentabilidad real de este esfuerzo ministerial por emular al unísono a Bruce Willis y Samuel L. Jackson, el protector del filme y su atormentado duelista, porque al final lo que se transmite es una imagen equívoca sobre las finanzas globales de un país entero, pues de eso va el examen al que España (con todas sus autonomías dentro) está sometida por los prestamistas internacionales y la curia de la Unión Europea. Es preciso aclarar de una vez si el Gobierno central cree o no en el modelo autonómico y su atribución de cargas financieras, entender de una vez que las comunidades están asumiendo su parte del ajuste, y que no siguen despendoladas en el apartado del gasto, tal y como un sector del PP afirma con escaso sustento estadístico para regocijo de aquellos que ansían más poder en menos manos. Eso lo admitió Montoro el pasado jueves, lanzando un mensaje de serenidad sobre la capacidad de las autonomías para implicarse en la titánica tarea de reducir el déficit público. Pero acto seguido blandió la espada vengadora de la intervención para los incumplidores, aunque en este caso con menor énfasis, pues llegado el caso debería centrar la crítica en comunidades gobernadas por el PP que siguen claramente remolonas -o, como es el caso de Extremadura, desobedientes- al respecto. En el actual escenario resulta poco creíble la intervención de, por ejemplo, Cataluña, lo que sería entendido como una bomba termonuclear en términos políticos, y un riesgo que un hombre cauteloso como Rajoy no va a propiciar por mucho que le apriete el intrépido conferenciante José María Aznar. Y al final hay que admitir cosas, so pena de caer en el más infecto sectarismo. Una de estas realidades es la siguiente: Canarias está haciendo la tarea del déficit. Reconózcanlo de una vez.

@JMBethencourt