el dardo>

Para echarse a llorar> Por Leopoldo Fernández

España tardará 20 años en volver al nivel de bienestar previo a la crisis”. “Tras cuatro años de recesión, el país encabeza el nivel de desigualdad de la Unión Europea”. “El porcentaje de pobreza afecta ya al 27% de la población, 12,7 millones de personas”. Lee uno titulares tan apabullantes y se queda turulato. La información se nutre de datos incontestables elaborados por la ONG Intermón Oxfam con la colaboración de Médicos del Mundo, Cáritas, Unicef y la Compañía de Jesús. Es como si vinieran a decirnos que España necesita un milagro para que el país no se vaya al garete. ¿Sería un milagro que los ciudadanos aceptemos trabajar más y mejor? ¿Y que desaparezca la corrupción? ¿Y que el dinero público se administre con austeridad? ¿Y que sepamos adónde vamos como país y cuál es nuestro proyecto común? ¿Y que los políticos se unan como una piña para defender los intereses generales? Pero, ¿quién es capaz de unir a todos en una empresa común y, de paso, levantar el ánimo de la nación? ¿Quién tiene credibilidad y capacidad de liderazgo para poner en marcha nuevos modos de hacer y entender la política y la economía?

En tiempos tan adversos como los actuales, Churchill ofreció a su pueblo, iniciada la II Guerra Mundial, “sangre, sudor, esfuerzo y lágrimas” en un discurso inolvidable. En España resulta no ya imposible encontrar un Churchill, un político que hable a la gente con sinceridad, sin rodeos ni embustes. Que diga las verdades del barquero y aclare por qué es necesario adoptar unas medidas y no otras en nombre de los mercados. Por qué los bancos reciben tantas ayudas -aunque luego las devuelvan con intereses- y a los ciudadanos de a pie se las quitan total o parcialmente. Por qué quienes más bienes materiales poseen no son gravados con impuestos según sus posibilidades económicas. Y por qué quienes menos tienen y las clases medias cargan con los peores efectos de la crisis, las austeridades y los ajustes: reducciones salariales, congelaciones de sueldo, copagos y pérdida de derechos. Por eso el país sigue con privilegios ni y mangoneos en el manejo de los recursos públicos. Y no acaba de apuntalar, para los más vulnerables y necesitados, ayudas y socorros permanentes en tanto dure la actual recesión. Es una cuestión de justicia más que de solidaridad. Dice Intermón que en 2022 dos de cada cinco españoles serán pobres si persisten las políticas de austeridad y la pérdida de derechos en educación, sanidad y servicios sociales. Y que harán falta dos décadas para recuperar los niveles de bienestar anteriores a la crisis. ¿No es para echase a llorar?