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Pasado, presente y futuro> Por Juan Hernández Bravo de Laguna

Desde el profundo respeto que suscita la muerte de un ser humano, la reciente desaparición de Antonio Cubillo parece una ocasión oportuna para pergeñar algunas reflexiones sobre el papel político que desempeñó en vida, un papel que asumió constante y pertinazmente. Pero, también y en especial, para volver sobre el nacionalismo y el independentismo canarios, una de cuyas concepciones y orientaciones ideológicas indudablemente representó. Su trayectoria vital estuvo presidida por una dedicación obsesiva a la causa independentista canaria con una perspectiva africanista que no tenía precedentes en el escaso -y pobre- pensamiento nacionalista anterior, representado por Secundino Delgado y algún otro. Una perspectiva elemental y acientífica basada únicamente en la cercanía territorial de las Islas al continente africano, y que hace caso omiso de las evidencias étnicas, culturales y de todo orden que vinculan al Archipiélago y a su gente con la cultura europea, en general, y con la española, en particular. De ese africanismo surge la bandera canaria que él inventó, y que cambia el tradicional azul marino canario por un extraño azul celeste para permitir que se vea el verde de sus estrellas, el color de la unidad africana.

Este africanismo suyo se sustentó, a su vez, en un imposible indigenismo reivindicativo de lo guanche, que algunos denominan la teoría de la integración y aculturación guanches, según la cual desde el punto de vista racial los actuales canarios somos guanches que han perdido su cultura originaria. Tal planteamiento le llevó a reclamar la privación del derecho de voto y hasta la expulsión de Canarias de los que no cumplieran sus estrictos requisitos para ser considerados canarios. Posiciones racistas y xenófobas que constituyeron una de las indudables sombras de su biografía. Otra de sus sombras radicó en su defensa de la violencia como estrategia política, defensa que abandonó tardíamente. Fue una llamada lucha armada, que proclamó en sus emisiones radiofónicas diarias desde Argel como La voz de Canarias Libre, ya en plena transición política española. Esto llevó a sus escasos seguidores en el interior a protagonizar algunas acciones de colocación de explosivos. Una de estas acciones, en el aeropuerto de Gando, en Gran Canaria, obligó a un desvío de aviones a Los Rodeos que, en última instancia, provocó un masivo y brutal accidente en este aeropuerto. Un accidente que tanta polémica sigue suscitando, incluso en nuestros días.

Fiel a su estrategia de internacionalizar -y africanizar- lo que él consideraba el problema canario, el 22 de octubre de 1964, también en Argel, y coincidiendo con la celebración en El Cairo de una Conferencia de Países no Alineados, había transformado el Movimiento Autonomista Canario (MAC), su -minúscula- organización hasta ese momento, en otra organización no menos minúscula, el Movimiento por la Autodeterminación y la Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC). Años más tarde, el 29 de agosto de 1979, el autodenominado Comité Ejecutivo Provisional del MPAIAC le expulsó del partido y dio origen al llamado MPAIAC reconstituido del interior, que renunció a la lucha armada y adoptó una vía no violenta de acción política. No obstante, un mes después se celebró en Argel el I Congreso del MPAIAC (del exterior), que confirmó a Cubillo en su cargo de secretario general y adoptó una estrategia política en tres frentes principales, reafirmando, dentro de esta estrategia, la preeminencia de la lucha armada. Porque otra de las características del independentismo canario ha sido su radical división interna en múltiples capillitas y grupúsculos enfrentados entre sí. Y la intransigencia política, e incluso el carácter, de Cubillo favorecieron estas divisiones. En abril del año anterior, 1978, Cubillo había sufrido un grave atentado en Argel, un atentado que le produjo secuelas físicas que le acompañaron hasta su muerte. Está demostrada -y reconocida- la organización del atentado por las autoridades españolas, concretamente por el ministerio del Interior, entonces a cargo de Martín Villa. Unas autoridades que sobrevaloraron la influencia política de Cubillo y utilizaron contra él un terrorismo de Estado que luego usarían en su lucha contra ETA. Y que practican todos los estados, desde Estados Unidos a Israel, pasando por el Reino Unido, Francia o Alemania. Los ejemplos abundan.

Junto a su radical división interna, la principal característica del independentismo canario -y, en general, del nacionalismo isleño- es su absoluta pobreza conceptual e ideológica; su descuidada -e indigente- elaboración teórica y, como fruto de ella, su profundo confusionismo ideológico, táctico y estratégico. Dando tumbos entre un absurdo e insostenible africanismo, una condenable xenofobia y un analfabetismo económico, sus propuestas son todo menos creíbles. Su deriva actual es constatable en los editoriales de El Día, en donde escribía Cubillo con asiduidad. Un pueblo que no conoce ni su pasado ni su presente, se condena a repetirlos incesantemente y no tiene futuro. Las ideas que Antonio Cubillo representó pertenecen a nuestro pasado y, por el bien de Canarias, no deben estar ni en nuestro presente ni en nuestro futuro.