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El pensionazo – Leopoldo Fernández

En el mundo de la política española, las medias verdades e incluso las mentiras puras y duras se han convertido en moneda de deliberado uso común, aunque existen, por fortuna, algunas excepciones. La poca credibilidad de la clase dirigente estimo que guarda relación con el divorcio entre lo que se promete y lo que se cumple, entre los principios proclamados y las prácticas constatadas, en la evidente desunión partidaria sobre la primacía de los intereses nacionales. Pocos dirigentes públicos se expresan con arreglo a la realidad, verazmente; es decir, sin inducir a error, sin falsificar los hechos, en estricta conformidad, como define la verdad el Diccionario de la Lengua, de lo que se dice con lo que se siente o se piensa, o de aquello que no se puede negar racionalmente. Por falta de cultura democrática, no damos a la mentira la importancia que merece, ya que debería llevar al político que la utiliza a la penalización electoral, al rechazo social e incluso a la expulsión del sistema, por contribuir a su degradación mediante el engaño. Ya ni siquiera vale aquello de que sólo cabe la mentira cuando se trata de defender la moneda. Quien miente o falta a su palabra, debería pagarlo en las urnas, además de quedar reflejado en los índices de aceptación popular. Aquí y ahora, se ha mentido deliberadamente, y reiteradamente, con un tema tan sensible como es el de las pensiones y su actualización obligada por ley, según la evolución de los precios. No voy a repetir las promesas que una y otra vez han formulado Rajoy y sus ministros, sin que nadie se lo pidiera. Al final, todo ha sido mentira, embuste y falsedad que hace daño a mucha gente desesperanzada y débil. Como apunta el Nobel André Gide, no hay nada tan malsano para el individuo y la sociedad como la mentira acreditada. Si no había dinero ahora para los pensionistas, tampoco lo había hace semanas o meses, cuando se juró y perjuró que se cumpliría la ley por encima de todo. Tanto da a estos efectos que violara la norma Zapatero, el primero en faltar a su palabra, como que lo hiciera Rajoy, inicialmente con una subida aparente que fue bajada con la revisión del IRPF y ahora con un alza que no cumple el obligado 2,9%. Este castigo a los más débiles no puede envolverse en ropajes de transitoriedad, dificultades económicas o cumplimientos de déficit público. Al igual que ha sucedido con tantas otras promesas electorales incumplidas por el PP, el pensionazo es un golpe bajo al poder adquisitivo de los más débiles de la sociedad, una afrenta que provocará más desigualdades y pobreza y una injusticia flagrante de imposible reparación.