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Rumorología y desgobierno – Por Leopoldo Fernández Cabeza de Vaca

No me imagino yo, por mucha especulación que se haga, a ningún órgano directivo de Coalición Canaria (CC) echando leña al fuego de la crisis que afecta al nacionalismo moderado de esta tierra, menos aún para propiciar el descabezamiento de su principal figura pública, Paulino Rivero. Y ello pese a la debilidad política del jefe del Gobierno, que se remonta al congreso político nacional de junio pasado, cuando fue elegido presidente del partido y José Miguel Barragán nuevo secretario general, gracias a los votos de la organización en Gran Canaria, y que ya en aquel momento generó encontronazos y disgustos.

Desde entonces, la situación no ha hecho más que empeorar, y así se ha puesto de relieve la semana que hoy termina. Por la falta de liderazgo de Paulino Rivero, sus errores y empecinamientos. Por la contestación que en su propio partido genera la gestión gubernamental. Por la extrema debilidad del secretario general regional del PSC-PSOE y vicepresidente del Ejecutivo, José Miguel Pérez, a quien también esta semana le han salido respondones varios dirigentes de su partido y de las Juventudes Socialistas. Y asimismo -todo hay que decirlo- por el ninguneo que el propio Rivero, y con él su Gobierno, reciben desde al acceso al poder del Partido Popular. José Manuel Soria y sus peones, lejos de facilitar las cosas, no hacen sino poner trabas y dificultades a las relaciones entre las Islas y el Ejecutivo central. Incluso azuzan los problemas internos del nacionalismo y hasta presionan y conspiran para largar al presidente Rivero al limbo de los muertos políticos. Deben ser las ganas irresistibles de quitárselo de en medio para intentar pactos y componendas que hoy parecen imposibles…

SORIA, A LO SUYO

El ministro de Industria sigue atacando por sistema al Ejecutivo autonómico. Descalifica sus decisiones y lo deja solo en cuestiones clave que afectan a las Islas y cuya responsabilidad compete precisamente al político grancanario. No hay fin de semana que Soria no acuda a Las Palmas para soltar su perorata descalificadora y propiciar de paso intrigas, personalmente o por personas interpuestas, para tratar de sembrar dudas y trapisondas sobre las actuaciones de Rivero y compañía. Mientras, siguen paradas las decisiones estatales -y las subvenciones- sobre energías renovables, y en general sobre la política energética, que tanto perjudican al Archipiélago. Lo mismo acontece con la política industrial e incluso con el Plan Nacional e Integral de Turismo, en el que Canarias no encuentra el deseable acomodo para dinamizar este importante sector económico y mejorar su actividad y rentabilidad.

Lejos de convertirse en el ministro de Canarias en Madrid y canalizar las reivindicaciones isleñas, se diría que Soria ha optado por cortocircuitar, contra todo sentido de Estado, cualquier intento de mejora de las relaciones bilaterales. Los Presupuestos Generales, con su castigo inversor a las Islas -sobre todo a la vista de sus elevadísimos índices de paro y pobreza-; la nueva subida de las tasas aéreas; los incumplimientos reiterados del REF; y, en general, la brutal disminución de todo tipo de ayudas y subvenciones, han colocado a Canarias en una situación muy comprometida, sin que Soria intente variar el rumbo de los acontecimientos. Claro que también el Gobierno de Rivero, pese a gestos de obligada lectura distendida, como la asistencia del presidente a la celebración oficial de los actos del 12 de octubre y del aniversario de la Constitución, sigue impertérrito con su política de mala gestión y ataque a los acuerdos rajoyanos, además de mantener una postura populista inverosímil sobre un tema de alta prioridad nacional como es la eventual extracción de petróleo en aguas próximas a Canarias, y de recurrir aquellas decisiones del Gabinete monclovita que pueden afectar a los intereses de Canarias. Dudo que los tribunales de Justicia fallen a su favor, pero en cualquier caso estos enfrentamientos crean malestar en Madrid y cierran la puerta a deseables entendimientos bilaterales.

DIVISIONES Y DISCREPANCIAS

Los obligados recortes sobre personal, servicios públicos y derechos que deben afrontar Rivero y su equipo por imposición de Madrid, Bruselas y Berlín, han sembrado la discordia en el seno del Gobierno, donde CC y PSC discrepan a la hora de ajustar unos Presupuestos famélicos que no van a contribuir a resolver la pobreza y el paro, los dos principales problemas de las Islas. El mantenimiento de una Administración mastodóntica y la falta de voluntad política para reducirla y suprimir organismos, duplicidades, empresas y fundaciones, agravan este problema, que en su día quiso resolver Soria pero que el propio presidente consideró “una ocurrencia” con la misma frivolidad que Rajoy habló de “algarabía” al referirse a la manifestación de la Diada catalana. Estos asuntos han llevado al Gobierno a un grado de desgaste, falta de confianza e impopularidad que se acusa en la organización interna de los dos partidos que lo sostienen. Desde el PSOE, sumido en una crisis con decenios de antigüedad, donde todo liderazgo resulta efímero y desconcertante, sin calado social ni apoyo duradero por la debilidad de los sucesivos dirigentes, incluido el actual y desastroso secretario general, que además ha hundido y dividido al socialismo tinerfeño. En esta tesitura, los escarceos, amagos de conflicto, conspiraciones aparentes y declaraciones amenazadoras nacidos y cruzados en el PSC y en CC a raíz de los compromisos adquiridos en El Tanque, sujetos -al modo de lo ocurrido en otras corporaciones de Tenerife, La Palma y El Hierro- más a razones personales que ideológicas, han levantado una polvareda política sobre la posible ruptura del pacto regional que sostiene al Gobierno de coalición. Y no menos intensos han sido los rumores de intento de descabalgamiento de Paulino Rivero, a quien le crece un circo de acosadores que al final tendrán que recular y apoyarlo porque hoy por hoy es la salida menos mala.

Sin relevos claros ni pactos preestablecidos entre las familias insulares y sin liderazgos alternativos consolidados -por más que Oramas, Clavijo y Castro sean referentes obligados de cualquier acuerdo, lo mismo que, en otro orden, Román Rodríguez-, y con José Miguel Ruano situado por los dirigentes del sector crítico en el centro de la sucesión temporal de confirmarse el sacrificio del presidente, todo se mueve en medio de rumores sobre la soledad y falta de ideas de Rivero, pero también de Pérez y su falta de carisma. Lo normal es que el pacto no lo tumbe una cuestión menor nacida en un pequeño pueblo y que el mismo permanezca e incluso se refuerce. Otra cosa es que las fuerzas de unos y otros se midan y ajusten y que Rivero, en el declive de la legislatura, pero sólo entonces, dé un paso al lado para facilitar una salida a la renovación de la dirigencia nacionalista.

SOLUCIONES EXTREMAS

Si las cosas se pusieran muy feas, la salida más a mano sería la celebración de un congreso extraordinario donde el actual presidente caería empujado por el viento de su levedad y falta de apoyo en las agrupaciones insulares, como se viene acreditando de manera alarmante en cada congreso, el último el de Lanzarote. Sólo Gran Canaria aguanta, pero es muy corta renta para cualquier intento de resistencia numantina… si finalmente los adversarios de Paulino Rivero, con la bendición de un Hermoso cada vez más comprometido, se deciden a cortarle la cabeza. Las tentaciones de volver a un acuerdo con el PP, los cantos de sirena de Soria con promesas y regalías de difícil cumplimiento, la necesidad de un relevo generacional y de un nuevo efecto para que el nacionalismo recupere el pulso de la calle y su efectiva centralidad en la vida pública de Canarias -antes de caer en desgastes que lo alejen cada vez más de sus electores-, pueden ser motivos suficientes para cumplir aquel viejo deseo de Paco Ucelay de estar siempre con el Gobierno central y “sacar beneficio para Canarias”. “Nosotros -me dijo más de una vez el recordado dirigente nacionalista- somos como una puta de lujo. Nos vendemos al mejor postor, que es siempre quien gobierna en Madrid, porque en la oposición no tenemos ni para el aire que respiramos”. Entre el que si sí, que si no, Paulino Rivero anda de amargura en amargura, con la amenaza de veto temporal a los Presupuestos desde CC y PSC tinerfeños, así como los viejos aliados de El Hierro, sin decidirse a pasar a la historia de Canarias como el dirigente que forzó la necesaria revolución en la Administración autonómica.