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Siete sobre el mismo mar> Por Casimiro Curbelo

Siete cabildos, siete instituciones únicas que esta semana se reunieron en el Parlamento regional para celebrar con solemnidad el centenario de su nacimiento. Se han cumplido cien años desde la promulgación de la Ley Constitutiva y justo es reconocer el trascendental papel que ha tenido, tiene y tendrá esta administración.

La celebración sirvió, además, para revalidar el compromiso, la solidaridad, el trabajo constante y la responsabilidad insular con el desarrollo de nuestra comunidad, en un tiempo complicado por la crisis y en pleno debate sobre el estado de las autonomías, así como el papel de las administraciones públicas.

Durante un siglo los cabildos han formado parte del devenir diario de este territorio geográficamente fragmentado por el mar, caracterizándose por ser el reflejo de la identidad insular, ganando el afecto de todos los isleños y también desarrollando, con vitalidad y acierto, un trabajo de cercanía en la gestión y la inmediatez en la solución y respuesta a los problemas de la ciudadanía.

En situaciones complicadas a lo largo de la historia, los cabildos han sabido estar a la altura de las circunstancias, y desde cada una de las islas se han aunado esfuerzos para la construcción y cohesión de Canarias, así como para la integración de las políticas comunes en el Archipiélago.

La institución insular ha sido, es y será pieza clave en la mejora de la calidad de vida de los habitantes de estas islas y en el equilibrio interinsular; ha propiciado el mejor entendimiento entre los canarios y minimizado un pleito histórico entre capitales. Pero es que, además, los cabildos están en disposición de continuar impulsando el desarrollo de nuestra tierra.

Es urgente, sin embargo, definir con precisión el estado competencial de las distintas administraciones públicas: ayuntamientos, cabildos y Gobierno de Canarias, lo que supondrá estabilidad y eliminación de duplicidades, al tiempo que pondrá límites a la dimensión institucional y al gasto innecesario, desde una política austera, racional y coherente.

Todos los presidentes insulares coincidimos en que hay que reordenar el reparto de responsabilidades y hacer Canarias más competitiva, además de resaltar que las centenarias instituciones insulares son las únicas administraciones públicas que no tienen capacidad tributaria propia y por eso es preciso también definir y fortalecer la financiación y la participación en los recursos del Régimen Económico y Fiscal, así como en su eficaz gestión.

Desde la coordinación y el diálogo, desde el ejercicio de la responsabilidad, se hace necesaria una planificación que fortalezca las actuales competencias, insuficientemente dotadas actualmente, permitiendo también asumir otras nuevas sin descuidar el imprescindible papel de los ayuntamientos; dando sentido, sensatez y racionalidad a las legítimas aspiraciones de los ciudadanos.

La crisis que abruma por su alcance a los ciudadanos hace necesario que sigamos adoptando medidas urgentes, contundentes y generosas en línea con el fortalecimiento de los cabildos y las necesidades de la gente que peor lo pasa: desempleados, los enfermos, discapacitados, mayores, estudiantes… a la vez que también se necesita la solidaridad, el apoyo, la comprensión y la cooperación de los gobiernos de España y de Canarias.

Hay que seguir mejorando la capacidad de gobierno de cada isla; es obligada la sensatez para evitar duplicidades y sobre todo tener presente que hablar del futuro de Canarias es hablar de los cabildos insulares, donde las personas y sus problemas siempre han sido y deben ocupar todo el tiempo y nuestro quehacer para ser más ágiles y eficientes. No basta con buenas intenciones, estamos obligados a buscar la colaboración y erradicar el enfrentamiento desde el respeto a la autonomía de cada administración pública. Y los hombres y las mujeres de La Gomera, sus ayuntamientos y su Cabildo aportaremos todo lo que esté a nuestro alcance para seguir construyendo este Archipiélago.