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SILA – Juan Carlos Acosta

La cuarta edición del Salón Internacional del Libro Africano, SILA 2012, abrirá inexorablemente sus puertas el próximo martes por primera vez en Gran Canaria a pesar de su creación y desarrollo precedente en Tenerife. Nada se puede hacer ya pues para revertir un proceso de traslado de un congreso que nació en 2008 como desenlace entusiasta de la antigua Feria de la Edición de esta isla y que apuntaba a su vocación por la literatura africana como apuesta de acercamiento de los tinerfeños y su Cabildo al continente vecino. Con ello además asistimos a un paso más de la pujanza de Las Palmas en las relaciones con África, que se consolidó definitivamente con la ubicación de Casa África, el buque insignia de la diplomacia española africanista, hace cinco años muy cerca del barrio de Vegueta, y cuya sede acogerá ahora el simposio de este año.

Lo cierto es que, por lo que he podido averiguar, se han unido varios escenarios, personalidades y factores para que el hecho se haya consumado de una manera cuando menos irritante, pero no sabría señalar a ciencia cierta cuáles de los actores han sido los que más influyeron en el desenlace final. Por medio surge un dictamen de una mesa de contratación por parte de la Viceconsejería autonómica de Cultura, a través de un concurso ordenado por la UE como contrapartida imperativa a su importante apoyo económico, en torno a la desestimación de los avales presentados por sus creadores a favor de la otra candidatura elevada por una UTE grancanaria, que es la que se ha alzado con la concesión del desarrollo del programa de actividades, uno de los dos pilares del Salón. El segundo bloque, no menos importante y con cargo a los presupuestos de la Dirección General de Relaciones con África del Gobierno de Canarias, estaba destinado, entre otras cosas, a la promoción del evento y la gestión de su página web, una partida que quedó desierta por la retirada inesperada de la propuesta de los titulares originales del SILA. Obviando lo enrevesado del asunto y el poco espacio de estas líneas, sí cabe decir que parece que también influyeron circunstancias de ausencias, protagonismos, omisiones y desencuentros que, de alguna manera, terminaron por precipitar la debacle. En cualquier caso, resulta complicado ahora reclamar, salvo por la vía jurídica, sobre la limpieza de la adjudicación de la mesa de contratación y queda en el aire si eso llevaría a algún lado, aunque sí, a estas alturas, es oportuno constatar que se nos va a los africanistas de esta isla un argumento más, y muy importante, para seguir representando un papel en esa estrategia de Canarias como plataforma de los intereses del Atlántico Medio en el continente cercano.