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Vividores de la política – Por Juan Henríquez

Aclarar que estoy por la reorganización de la Administración Pública Canaria, a todos los niveles. Lo que ocurre es que tenemos un serio problema, mejor hablar de un obstáculo insalvable, cual es la barrera que los políticos en activo, y con plaza fija institucional, impiden cualquier tipo de reforma en le que pueda peligrar su particular reino de taifa, es decir, la bicoca que le proporciona un cargo público. He hablado en más de una ocasión de los/as caras duras que han hecho de la política su única y conocida profesión.

Ellos son los que rechazan una reforma constitucional seria y profunda, donde, por ejemplo, se limite a ocho años el cargo público; no quieren aprobar una ley electoral que permita listas abiertas; rechazan la tabla salarial que limite sus sueldos, como todo hijo de vecino; se agarran como a un clavo ardiendo a la condición de aforados para driblar a la justicia. Son, en definitiva, los enemigos de la recuperación de los valores democráticos.

Aquí se recorta todo, menos los beneficios de los señores políticos. Sin ir más lejos, la última decisión, porque son ellos, y no otros, los que deciden, es recortar un 20% de jornada y sueldo a los empleados públicos interinos y laborales. Y a los señores ni se les arruga la corbata. ¿Desde cuándo viene reclamando el pueblo que se recorten consejeros, viceconsejeros, secretarios, subsecretarios, directores, subdirectores, gerentes, delegados, subdelegados, adjuntos, asesores, cargos de confianza…? No amigos, estos sinvergüenzas no tendrán un gesto con los ciudadanos, ni aunque se lo ordene la Merkel. Eso sí, sus sueldos son intocables. Aquí todo el mundo tiene que pasar por ventanilla y pagar el canon de la crisis, menos sus señorías que mantienen intactos las prebendas y beneficios colaterales de los que disfrutan.

Estoy que reviento, y como nadie les planta cara, hacen todo lo contrario a lo que el pueblo demanda. En fin, que no era hoy un día para acalorarse, así que, a pesar de todo: ¡sean felices!