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El cerco de Tombuctú – Por Rafael Muñoz Abad

   

Ya les dije que de la aventura francesa en Malí nos van a contar muy poquito. Me dice (tomando un café) un tal Bertrand, que de esto algo sabe, lo siguiente: “Lo último que Francia desea es la mediatización de una intervención militar que ya estaba más que decidida. Si quieres la podemos llamar cruzada por el uranio, que vale más que Jerusalén”.

La fuerza es una unidad de intervención rápida y docta en los teatros africanos que desde 1960, y de manera regular, viene protagonizando el papel de gendarme en sus excolonias. Bien como parte de una estrategia presencial para salvaguardar sus fuertes intereses económicos, o como respaldo a los regímenes títere de la célebre françafique. Teoría esta que ha ido mutando hacia lo que se denomina petroestados. Centroáfrica, Chad y Níger son piezas de gran valor para las corporaciones mineras. Las petroleras francesas y norteamericanas, temerosas de que la permeabilidad fronteriza facilite la propagación del virus islamista hacia el este de Malí, son las que realmente van a financiar este despliegue neocolonial. Los oleoductos de Agadem y Doba, que deben dar salida al crudo del Sahel, atraviesan Chad y Níger hacia los puertos del Golfo de Guinea; pero el uranio es la clave. El 75% de la electricidad que Francia produce proviene de sus más de cincuenta plantas nucleares. Y gran parte del uranio que las nutre procede de las minas que Areva gestiona en Níger (9% de las reservas mundiales), canteras que de inmediato han sido aseguradas por las fuerzas especiales francesas.

“El ejercito de Malí es una panda de amiguetes en chanclas que pasará a cuchillo a los integristas y los franceses mirarán para otro lado; esta guerra la pagan la Total e incluso la Exxon; allí se juegan sus inversiones; esa es la verdadera diplomacia en África”. Después nos venderán el habitual producto mediático: la pacificación del norte de Malí; un legionario cachondo con una calavera de careta; la expulsión y el peligro (real) que representa el islamismo y, con objeto de recuperar la histórica plaza y patrimonio de la humanidad, el cerco de Tombuctú.

Rafael Muñoz Abad CENTRO DE ESTUDIOS AFRICANOS DE LA ULL
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