X
escaño cero > Julia Navarro

El ir y venir de doña Esperanza – Por Julia Navarro

   

Con la que está cayendo y aquí nos entretenemos con lo que hace o deja de hacer Esperanza Aguirre. Sí, parece mentira, pero es verdad. Todo cuanto hace Aguirre interesa, seguramente porque es una política con tanta fuerza y personalidad que es difícil permanecer indiferente, ya sea, unos, para alabarla, otros, para criticarla.

La última de doña Esperanza ha sido anunciar a bombo y platillo que la han fichado en una empresa catalana de cazatalentos. Verán, yo creo que Esperanza Aguirre nos debe una explicación a los madrileños.

Hace dos años se presentó a las elecciones autonómicas en Madrid, y después de ganarlas se convirtió en presidenta de la Comunidad, y al poco se despidió a la francesa alegando razones familiares. A continuación se incorporó a su plaza como técnico de turismo, y ahora vuelve a dar la campanada diciendo que va a dedicar a la actividad privada. Dicen quienes presumen de estar en los secretos de doña Esperanza que dejó la Comunidad de Madrid por sus discrepancias con las políticas de Mariano Rajoy. Dicen también que se está frotando las manos por la crisis en el Ayuntamiento de Madrid porque ahora aspira a convertirse en alcaldesa. Y quienes esto dicen recuerdan que doña Esperanza continúa siendo la presidenta del PP en Madrid; es decir, que dentro de su partido sigue teniendo mando en plaza.

Yo no tengo ni idea, ni tampoco me preocupa, lo que haga o deje de hacer la señora Aguirre, allá ella, pero desde luego tiene un privilegio que no tenemos el resto de los ciudadanos, y es el de tener una plaza a perpetuidad en la Administración del Estado. Que a la señora Aguirre le va mal en la empresa que la ha fichado, pues, sin problemas, puede volver a la Administración porque tiene plaza a perpetuidad. Y ojo, no es un privilegio exclusivo de ella.

De manera que la señora Aguirre puede probar suerte en la empresa privada a la espera de tiempos mejores, que dicho sea de paso no sé que tiempos pueden ser aun mejores para ella, salvo que se atreva algún día a disputarle a Mariano Rajoy lo que de verdad anhela, que no es otra cosa que ser presidenta del Gobierno de España.

No hace falta ser muy lista para intuir que esa es la verdadera y, sin duda, legítima ambición de doña Esperanza. Pero mientras se da, o acaso no se dé nunca, esa circunstancia, Esperanza Aguirre va y viene con la seguridad de quien no se juega nada.

Ella, mientras tanto, continúa actuando a su antojo estando en política pero haciendo que no está.

En realidad, Esperanza Aguirre no se ha ido ni se va a ir nunca, continúa en política, estando donde estaba, solo va a cambiar la dirección de su despacho.