X
un domingo cualquiera>

Caballo por vaca – Por Gustavo Matos

   

La literatura del Siglo de Oro recoge en numerosas obras las picarescas y engaños propios de tabernas y posadas de la época. En cierto modo, este sigue siendo un país de Lazarillos, de Rinconentes y Cortadillos. Sobrecogedores casos de picaresca postal de la más rabiosa actualidad nos lo recuerdan. Aunque hoy no me referiré a ello en estas líneas. En esa época contada para la posteridad por Quevedo o Cervantes se acuñó la expresión dar “gato por liebre” en referencia a la extendida práctica de engañar a los clientes sirviéndoles en las fondas guisos de gato en lugar de liebre y cobrando al comensal el precio correspondiente al segundo. Esta semana la vieja expresión ha recobrado actualidad, pero esta vez en una especie de versión 2.0 y globalizada que podríamos denominar dar “caballo por vaca”.

Hace semanas que se ha descubierto en el seno de la Unión Europea una fraude de gran dimensión a los consumidores por el que determinadas industrias del sector de los preparados cárnicos mezclaron carne de vacuno con la de caballo pero sin indicarlo en su etiquetado y por tanto ocultando esa información básica al consumidor. Como siempre el precio más bajo de la carne de equino es la razón de fondo de esta práctica. El asunto en principio no entraña un riesgo para la salud del consumidor pues la carne de caballo es apta para el consumo humano y de hecho se come con normalidad en países como Alemania o Francia. Pero es un engaño que ha obligado incluso a determinada marcas a retirar productos muy conocidos de las estanterías de los supermercados. Los mecanismos de control han funcionado de manera eficaz y la Dirección General de Comercio coordinadamente con el Instituto Nacional de Consumo ha actuado detectando e inmovilizando una partida importante de hamburguesas cuyo origen era una industria Irlandesa afectada por esta práctica. Esta vez, la picaresca del Siglo de Oro español no era patrimonio nacional sino que se ha globalizado y su origen se encuentra en otros países europeos. Un fraude masivo que ha puesto de manifiesto que algunos están dispuestos a darnos gato por liebre a gran escala, pero también que los controles funcionan para tranquilidad de todos. Al fin y al cabo algo hemos avanzado desde los tiempos de Quevedo.